El 16% de las pymes proveedoras del sector energético petrolero redujo su personal en lo que va del año, mientras que un 44% frenó nuevas incorporaciones. Leonardo Brkusic, director ejecutivo del Grupo Argentino de Proveedores Petroleros (GAPP), advirtió que el 38% de las empresas opera con una capacidad ociosa superior al 25% y llamó a las operadoras a asumir «un rol más activo» para proteger el entramado productivo local.
El sector de pymes proveedoras de la industria petrolera atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años, según el relevamiento que realiza cada dos meses el GAPP. Los datos confirman que la apertura importadora impulsada desde el Gobierno y los cambios en la matriz productiva, con el foco puesto en Vaca Muerta, están dejando fuera de juego a cientos de empresas que históricamente abastecieron a la cuenca. «Viendo los desafíos que se vienen, las operadoras van a tener que tomar un rol más activo en términos de desarrollo de proveedores», advirtió Brkusic a EconoJournal.
La contracción del empleo en el sector pyme energético no es un fenómeno aislado. Según el informe del GAPP correspondiente al primer trimestre de 2026, el 47% de las empresas reportó afectaciones en su dotación de personal. Dentro de ese universo, un 31% realizó despidos, un 15% redujo turnos o jornadas y un 1% aplicó suspensiones. La cifra de empresas que canceló o demoró ingresos de nuevo personal llegó al 70% a fines de 2025, aunque en el primer trimestre de 2026 mejoró levemente y el 66% de las firmas pudo mantener sus planes de contratación.
La situación refleja una paradoja de la industria energética argentina: mientras Vaca Muerta pulveriza récords de producción y el país alcanzó un superávit energético histórico de USD 2.405 millones en los primeros meses de 2026, el empleo en el sector petrolero a nivel nacional cayó casi un 10% respecto a fines de 2023, con 8.071 puestos formales menos. El investigador de Fundar, Nicolás Sidicaro, explicó que «los trabajos perdidos en la cuenca del Golfo San Jorge no están siendo compensados por Vaca Muerta», lo que arroja un saldo neto negativo. En los últimos tres años, Comodoro Rivadavia perdió alrededor de 3.000 puestos de trabajo en el sector petrolero, con un impacto directo sobre la principal fuente de masa salarial de la ciudad.
Para Brkusic, el RIGI es «un instrumento espectacular para potenciar las inversiones, pero también deja afuera de esos beneficios a los proveedores». El directivo del GAPP planteó que «si una operadora necesita un RIGI para hacer viable un proyecto, ¿por qué pensar que la cadena de valor no lo necesita? El costo argentino pega de manera transversal para todos en esta economía». El directivo pidió «sentarse a trabajar juntos» en lugar de volver a los «viejos paradigmas de valor agregado local a cualquier precio». Las pymes proveedoras, que según datos del GAPP representan el 75% del empleo involucrado en el sector, buscan correrse del commodity hacia la ingeniería y la automatización para competir con productos importados, aunque el costo energético e impositivo sigue siendo un obstáculo estructural.
La apuesta por el valor agregado se presenta como la única salida viable. «Contra un producto asiático, en algunos temas no podemos competir por el costo. Pero nosotros conocemos el mercado, tenemos una venta consultiva», explicó Mauricio Sánchez, director de Flow Management Industries. En la misma línea, Sidicaro advirtió que el derrame económico de Vaca Muerta es la condición para sostener los consensos políticos en torno al desarrollo hidrocarburífero: «Si los beneficios que trae Vaca Muerta no se difunden al resto de la economía, ese consenso va a estar más limitado, y el próximo gobierno va a tener el mandato de cambiar las cosas».




