El mercado automotor se encamina a cerrar el año por debajo de las 550.000 unidades, muy lejos de las 700.000 proyectadas. La irrupción de marcas chinas e importadas en un mercado que se achica obliga a las concesionarias de las terminales tradicionales a operar con márgenes mínimos o directamente a pérdida. En las últimas semanas se multiplicaron los despidos y retiros voluntarios.
El ajuste llegó a las concesionarias de autos. Con un mercado que acumula una caída del 13% en lo que va del año y que se encamina a cerrar 2026 por debajo de las 550.000 unidades —muy lejos de las 700.000 que proyectaban los ejecutivos a principios de año—, las agencias de las marcas tradicionales comenzaron a recortar sus estructuras de personal. Un importante grupo empresario de una de las marcas líderes, con operaciones en la zona norte del Gran Buenos Aires, en localidades como Pilar, Escobar o Zárate, desafectó esta semana a cerca de 40 empleados. Otro grupo de larga trayectoria en la zona sur del conurbano despidió a unos 15 trabajadores. La situación se repite en casi todas las agencias de las principales marcas: en un sondeo realizado en varias concesionarias, al menos la mitad reconoció haber desvinculado personal en los últimos dos meses.
La particularidad de este ajuste es que no se produce por una crisis generalizada del sector, sino por una profunda redistribución del mercado. La apertura económica permitió el desembarco masivo de marcas chinas y el resurgimiento de importadas que durante el gobierno anterior tenían una participación limitada por el cepo. Mientras las automotrices radicadas en el país registran caídas de hasta el 30% en sus patentamientos, las marcas sin radicación industrial muestran números positivos. «Es un mercado que se achica para repartirse entre más jugadores», resume el informe de A Rodar Post.
Esa presión competitiva obligó a las concesionarias a operar con márgenes cada vez más pequeños. Las terminales exigen a sus redes cumplir objetivos comerciales difíciles de alcanzar, y los dealers se ven forzados a aplicar descuentos agresivos o a vender «a pérdida» en base a precio de transacción, con la apuesta a recuperar algo de dinero a través de las bonificaciones que reciben por cumplir las metas. De lo contrario, deben pagar los autos no vendidos con un alto costo financiero. Muchas agencias comenzaron a rebelarse contra sus terminales y se negaron a comprar la cantidad de 0km que les imponían.

El proceso de ajuste se venía conteniendo mediante el traslado de personal desde las agencias de marcas más golpeadas hacia otras con crecimiento dentro del mismo grupo empresario. Pero esa válvula de escape se agotó. «Gran parte de las estructuras de las agencias de la mayoría de las marcas tradicionales están achicando sus estructuras mediante recorte de personal. También se está dando que están cerrando sucursales o puntos de venta para concentrar las operaciones en la casa central», explicó una fuente del sector al medio.
La magnitud real del ajuste es difícil de medir porque la mayoría de las desvinculaciones se realizan mediante retiros voluntarios negociados persona a persona, sin intervención de los gremios sectoriales. Los recortes se concentran entre el personal ingresado en los últimos dos o tres años, cuando las estructuras crecieron después del fuerte achicamiento que se produjo entre 2020 y 2023. En aquel entonces, con el cepo importador, se vendían pocos autos pero con sobreprecios y altísimos niveles de rentabilidad. Hoy la ecuación se invirtió: hay más oferta, menos ventas y márgenes que se derrumbaron. El ajuste de personal en las concesionarias es la consecuencia directa de ese nuevo equilibrio.




