El Grupo Mirgor concretó este miércoles una nueva tanda de despidos en sus plantas de Tierra del Fuego, que alcanzó a alrededor de un centenar de trabajadores, incluyendo delegados gremiales. La medida se produce tras el fin de la conciliación voluntaria y profundiza un conflicto que ya había dejado 300 despidos en agosto. La UOM Río Grande denunció que la empresa busca «desarticular la organización obrera» y, además, no pagó el premio por productividad adeudado desde principio de año.
La crisis en el Grupo Mirgor, la ensambladora electrónica vinculada a la familia del ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a escalar este miércoles en Río Grande, Tierra del Fuego. Alrededor de 100 trabajadores de distintas razones sociales del conglomerado fueron desvinculados en una nueva tanda de despidos que generó momentos de tensión en las plantas y volvió a poner en alerta a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Las notificaciones comenzaron a conocerse durante el cambio de turno en la planta ubicada sobre la calle Einstein 1111, donde trabajadores que terminaban su jornada y otros que llegaban para comenzar fueron informados de la decisión empresarial.
Entre los despedidos hay trabajadores de distintas empresas del grupo —IATEC, FAMAR, Brightstar y la propia Mirgor— y también delegados gremiales, según confirmaron fuentes sindicales y políticas. La medida se produce luego de que el pasado viernes 25 de septiembre finalizara el período de conciliación voluntaria entre la empresa y la UOM Seccional Río Grande, sin que se alcanzara un acuerdo que evitara las cesantías. Durante esas semanas se discutieron las condiciones laborales planteadas por la compañía, que fueron rechazadas por los trabajadores en asambleas con votaciones divididas.
Los telegramas de despido invocan una «necesaria reestructuración» de la actividad fabril, orientada a alcanzar metas que permitan la continuidad del establecimiento, y encuadran las desvinculaciones como despidos sin justa causa bajo el artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo. Una de las trabajadoras desvinculadas, Emilce Amadeo, relató que llevaba 14 años en la compañía y que este miércoles se presentó a cumplir su jornada habitual, pero no pudo ingresar a la planta.

El conflicto se arrastra desde agosto, cuando Mirgor ya había despedido a alrededor de 300 trabajadores en una ola de cesantías que incluyó a los representantes gremiales de las cuatro plantas del grupo. En aquel momento, el Ministerio de Trabajo provincial dictó una conciliación obligatoria que retrotrajo las desvinculaciones, pero la empresa dejó afuera a todos los delegados y el conflicto continuó escalando. La UOM denunció entonces que la compañía planteaba «el despido con causa, inclusive el no pago de ningún tipo de indemnización».
Uno de los ejes del reclamo gremial es el premio por productividad que la empresa adeuda desde principio de año y que, según denunció la UOM, no fue abonado ni siquiera durante el período de conciliación obligatoria en el que Mirgor se había comprometido a pagarlo. El secretario adjunto de la UOM, Marcos Linares, vinculó los despidos con el reclamo legítimo de los trabajadores: «Esto surge tras iniciar un reclamo legítimo», afirmó. Desde el sindicato también denunciaron que la justificación de la «reestructuración» esconde una intención disciplinante que pretende desarticular la organización obrera y avanzar con la reforma laboral.
El intendente de Ushuaia, Walter Vuoto, se pronunció con dureza contra la empresa a través de una carta abierta: «Después de los 300 de agosto, hoy son cientos de familias en menos de dos meses. En Río Grande no existe el ‘me despidieron, mañana consigo otra cosa’. No hay trabajo. La empresa lo sabe mejor que nadie». Y agregó: «Esta provincia no se construyó con telegramas. Se construyó con trabajo». El intendente de Río Grande, Martín Pérez, ya había calificado la situación de agosto como «gravísima» y había apuntado contra las políticas del gobierno nacional: «Milei sigue tomando una medida tras otra que le pegan, sin escalas, a nuestra industria. Desmantelan el trabajo fueguino».
La crisis de Mirgor se enmarca en un contexto de profunda recesión para la industria electrónica fueguina, agravada por la apertura de importaciones y la baja de aranceles dispuesta por el Gobierno nacional. Según datos del sector, desde que asumió Javier Milei, el régimen de promoción industrial perdió la mitad de los empleos que generaba, y las proyecciones indican que para el año próximo podrían quedar no más de 3.000 puestos. Las dos grandes jugadoras del mercado, Newsan y Mirgor, se diversificaron hacia otros rubros, anticipando el escenario crítico que hoy golpea a miles de familias fueguinas.




