El INDEC confirmó que la desocupación afecta a 1,1 millones de personas y se mantiene en el 7,8% promedio, pero detrás de esa cifra se esconden realidades regionales alarmantes: el eje San Nicolás-Villa Constitución lidera el ranking con un 10,4%, seguido por Bahía Blanca-Cerri (10,1%) y los Partidos del Gran Buenos Aires (9,7%). El informe revela que las zonas industriales y los grandes centros urbanos pagan el precio más alto de un modelo que no logra sostener el empleo de calidad.
La tasa de desocupación promedio se ubicó en el 7,8% durante el primer trimestre de 2026, lo que representa que 1,1 millones de personas no consiguen empleo en todo el país, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Sin embargo, la frialdad del promedio nacional se disuelve al observar las profundas asimetrías regionales: el área con la tasa más alta de desocupación es el eje San Nicolás-Villa Constitución, donde el desempleo llega al 10,4%. Le sigue Bahía Blanca-Cerri con un 10,1% y los Partidos del Gran Buenos Aires, donde la cifra alcanza el 9,7%, afectando a 615.000 personas en ese populoso cordón.
En términos regionales, el Gran Buenos Aires encabeza la lista con un 8,7% de desocupación, seguido por la Región Pampeana con un 8,2%. Otras ciudades con indicadores alarmantes son el Gran Resistencia (9,7%) y Mar del Plata (9,3%). Por el contrario, las tasas más bajas se registraron en regiones como el Noroeste (4,9%) y la Patagonia (5,0%), aunque en esta última zona se observan situaciones críticas como en Río Gallegos, donde el desempleo trepa al 8,5%. La disparidad es tal que, mientras en Santiago del Estero la desocupación es casi inexistente (0,7%), en los grandes conglomerados de más de 500.000 habitantes el promedio asciende al 8,3%, evidenciando que el modelo económico no logra generar oportunidades en los centros productivos más importantes del país.
Si bien desde el discurso oficial del gobierno de Javier Milei se intenta mostrar una estabilización, los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) revelan tensiones estructurales que el modelo no logra resolver. La cifra de desocupados es solo la punta del iceberg de un problema mayor: la presión sobre el mercado de trabajo, que incluye a quienes tienen empleo pero buscan otro o están dispuestos a trabajar más horas, alcanza al 29,6% de la población económicamente activa (PEA). Esta presión se combina con una tasa de subocupación que subió significativamente al 11,1%, reflejando un escenario donde tener trabajo ya no es garantía de estabilidad ni de ingresos suficientes.
La calidad del empleo es otro punto crítico. El informe destaca que el 44,2% de la población ocupada se encuentra en la informalidad laboral, lo que representa un aumento de 2,2 puntos porcentuales respecto al mismo trimestre del año anterior.
La tasa de desocupación para las mujeres de 14 a 29 años es del 15,5%, mientras que para los varones del mismo rango etario se ubica en el 14,6%. Estas cifras duplican ampliamente el promedio nacional y confirman que la juventud es el sector que más barreras encuentra para insertarse en un mercado laboral cada vez más esquivo y precarizado. Las zonas industriales y los grandes centros urbanos pagan el precio más alto de un modelo que no logra sostener el empleo de calidad.




