La deuda de FAdeA con proveedores ronda los u$s22 millones y la empresa cerraría 2026 con un pasivo superior a $152.000 millones. Sin producción sostenida, sin capital de trabajo y con dos contratos clave todavía sin firmar desde la gestión de Luis Petri, crece el riesgo de que acreedores reclamen judicialmente lo que les deben. Mientras el Estado envía eventuales transferencias, la fábrica cordobesa se desangra en recursos humanos y capacidades estratégicas.
La crisis financiera de la Fábrica Argentina de Aviones Brigadier San Martín (FAdeA) entró en una zona de riesgo que hasta hace poco parecía difícil de imaginar: un grupo cada vez más amplio de proveedores y contratistas evalúa recurrir a la Justicia ante la imposibilidad de cobrar las deudas acumuladas por la compañía, mientras comienza a tomar forma el escenario de un eventual pedido de concurso preventivo. La deuda con proveedores ronda los US$22 millones y la empresa cerraría 2026 con un pasivo superior a $152.000 millones, según proyecciones oficiales que encienden todas las alarmas en el sector aeronáutico y en el propio Ministerio de Defensa.
Luego de casi dos años de actividad reducida, falta de capital de trabajo y ausencia de decisiones del ministerio de Defensa, tanto durante la gestión de Luis Petri como con su sucesor, teniente general Carlos Presti, sobre los principales contratos que deberían garantizarle ingresos, la situación llegó a un punto en el que la paciencia de quienes sostienen la cadena de producción comienza a agotarse. Si los acreedores deciden avanzar judicialmente, el Estado deberá enfrentar una situación incómoda: explicar cómo una empresa pública estratégica, con capacidades industriales reconocidas y con un mercado potencial concreto, llegó al límite de un eventual concurso preventivo mientras espera que se firmen los contratos que deberían haber sido el punto de partida de su recuperación.
El reloj financiero corre y la deuda no la están reclamando solamente los balances: la están reclamando los proveedores que ya no tienen margen para seguir financiando a FAdeA. El propio presupuesto oficial reconoce el deterioro financiero y proyecta para 2026 un pasivo total de $152.003,8 millones, cifra superior a los ingresos operativos previstos para todo el ejercicio. La fábrica, en los hechos, viene funcionando con el financiamiento involuntario de contratistas y proveedores nacionales y extranjeros que entregaron bienes y servicios sin recibir los pagos correspondientes, entre los que se cuentan empresas críticas como Elbit, Israel Aerospace Industries (IAI), Liebherr Aerospace, Honeywell, Lockheed Martin, Prodismo, MBA S.A, Inmeba SRL, DTA S.A, AOG, ADE SRL y otros nucleados en la Cámara Argentina Aeronáutica y Espacial (CArAE).

El Ministerio de Economía aprobó mediante la Resolución 1289/2026 el Plan de Acción y Presupuesto de FAdeA para este año, que proyecta ingresos operativos por $135.090 millones frente a gastos de operación por $149.610 millones, lo que genera un resultado operativo negativo de $14.519 millones. La aparente mejora emerge cuando se incorporan las transferencias y recursos corrientes del Estado, de donde surge un resultado financiero final proyectado positivo de apenas $104,1 millones. Pero el equilibrio presupuestario depende de recursos que no provienen de la generación genuina de fondos de la empresa, sino de las transferencias de la Administración Nacional, lo que expone un problema estructural: la actividad propia de la fábrica no alcanza para financiar su funcionamiento, y el Estado evita por ahora una crisis de caja inmediata pero no está resolviendo el problema industrial.
La paradoja es que FAdeA tiene capacidades industriales que podrían permitirle recuperar actividad y generar ingresos, pero las decisiones que deberían ponerlas en marcha permanecen demoradas. Dos acuerdos considerados centrales, la actualización de los IA-63 Pampa y el mantenimiento de los C-130 Hércules, están sin formalizar, y el cliente, la Fuerza Aérea Argentina, atribuyó esa situación a restricciones presupuestarias. Sin órdenes de trabajo de largo plazo, FAdeA no puede planificar producción, compras, inversiones ni contratación de proveedores con previsibilidad, y la cadena industrial se rompe. La planta permanece prácticamente paralizada, con una excepción relevante: la producción de partes para el avión de transporte estratégico brasileño C-390 Millennium, dentro del programa desarrollado junto con Embraer, que tuvo un pago reciente de unos 3 millones de dólares que el nuevo presidente de FAdeA, ingeniero Oscar López, aplicó en parte a compromisos salariales.
El deterioro financiero adquiere mayor gravedad porque FAdeA no es una empresa industrial cualquiera, sino una sociedad anónima cuyo único accionista es el Estado Nacional, bajo la órbita del Ministerio de Defensa. El escenario de un eventual concurso preventivo tendría un impacto político e institucional mucho mayor que el de una empresa privada con problemas de liquidez, y el costo oculto es perder capacidades que llevan décadas construir. El presupuesto contempla una dotación de 705 trabajadores, de los cuales 519 corresponden a personal técnico y profesional especializado, pero la reducción de actividad y los pagos salariales fragmentados ya están produciendo una fuga de talentos que pone en riesgo la soberanía tecnológica adquirida. Desde Córdoba, el ministro de Industria provincial, Fernando Sibilla, sostuvo que la empresa tiene un «potencial enorme» pero está condicionada por las decisiones de su accionista estatal, mientras el dirigente gremial Marcelo Bertorello fue tajante: «FAdeA necesita saber qué quiere hacer el Estado con ella, si será una herramienta estratégica, una empresa con capacidad exportadora o simplemente una sociedad estatal destinada a sobrevivir mediante transferencias». Cada mes sin contratos significa menos producción, menor facturación, más deuda y un deterioro creciente de la relación con proveedores y trabajadores, un interrogante que Defensa ya no puede postergar.




