El 34,3% de los trabajadores informales vive en hogares pobres, casi tres veces más que el 10% de los formales. La formalidad entre los jóvenes de 19 a 25 años cayó de 43,5% a 34,8% en una década, y el cuentapropismo se consolida como refugio de la precarización.
La informalidad laboral en Argentina alcanzó el 44,2% durante el primer trimestre de 2026, según un informe del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) en base a datos del INDEC. Se trata del nivel más elevado de los últimos años, con un incremento de más de dos puntos porcentuales respecto al mismo período de 2025, cuando la tasa era del 42,1%. Más de cuatro de cada diez trabajadores ocupados carecen de aportes jubilatorios, cobertura de salud ligada al empleo y derechos laborales básicos, en un contexto donde el empleo asalariado privado registrado acumula una pérdida cercana a los 217.000 puestos desde noviembre de 2023.
El informe revela que el 34,3% de los trabajadores informales viene en hogares pobres, casi tres veces más que el 10% registrado entre los trabajadores formales. En el extremo de la indigencia, la brecha es aún mayor: el 5,2% de los informales se encuentra en esa situación, frente al 1,2% de los formales. «Entre no ser pobre con trabajo formal y ser pobre con trabajo formal hay una brecha del 3,5%. Son procesos que van de la mano», señaló el director del Observatorio, Germán Tessmer, en diálogo con AM 750. «Si una persona está bajo la línea de pobreza, lo más probable es que su trabajo, si es que tiene uno, sea en la informalidad. La probabilidad es del triple y medio», agregó.
La informalidad impacta con especial dureza sobre los jóvenes. En la última década, la formalidad laboral entre quienes tienen entre 19 y 25 años cayó de 43,5% en 2016 a 34,8% en 2026, una disminución de casi nueve puntos porcentuales. «La problemática es que del primer empleo informal uno queda atrapado en ese circuito económico», advirtió Tessmer. «Hay muchos estudios que muestran que para Latinoamérica, la problemática del primer empleo, si uno empieza como informal y se mantiene así por un período, después pasar a un estatus de formalidad es costosísimo».
La brecha de género también se amplió significativamente. Hace una década, la diferencia entre varones y mujeres era de apenas 1,2 puntos porcentuales; en 2026 llegó a 6,2 puntos. El crecimiento del trabajo por cuenta propia explica gran parte de este fenómeno: las mujeres pasaron de representar el 34,1% de los cuentapropistas en 2016 al 41,5% en 2026.
El avance del trabajo por cuenta propia es uno de los rasgos más salientes de la transformación del mercado laboral. En los últimos diez años, los cuentapropistas pasaron de representar el 21,1% al 24,5% de los ocupados. Sin embargo, el 65,3% de ellos se encuentra en la informalidad, casi duplicando el 37,9% de los asalariados en esa condición. «Va creciendo el cuentapropismo, y la figura del cuentapropista es la de una persona informal», subrayó Tessmer. El informe aclara que este fenómeno no corresponde a profesionales calificados, sino a actividades vinculadas con oficios, comercio y servicios personales.
La informalidad atraviesa prácticamente todos los sectores, aunque con diferencias notables. La construcción y el servicio doméstico encabezan el ranking de precarización, con cuatro de cada cinco trabajadores sin empleo registrado. Les siguen los servicios personales, la gastronomía y el comercio. Pero lo más alarmante es el deterioro en sectores tradicionalmente asociados al empleo formal: en la industria manufacturera, la informalidad pasó del 32,2% en 2016 al 41,9% en 2026; en el comercio, del 53,8% al 59,5%. En el extremo opuesto, la administración pública mantiene el 89,3% de formalidad, mientras que en el sector privado apenas el 49,5% de los trabajadores cuenta con empleo registrado.




