La industria maderera pierde su capital más valioso: el empleo calificado cayó más de 8%

El sector maderero advierte que la recuperación de la producción será más sencilla que reconstruir el conocimiento técnico y los oficios que se están perdiendo con la destrucción de puestos de trabajo, en un contexto donde las PyMEs muebleras sufren una caída del 14% en sus ventas.

La industria de la madera argentina atraviesa un escenario de fuerte preocupación. De acuerdo con el último Informe de Empleo y Actividad elaborado por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), el empleo registrado en el sector cayó un 8,57% interanual, una contracción que supera ampliamente el retroceso de la actividad productiva. La entidad advierte que no se trata de un ajuste coyuntural, sino de un proceso que podría comprometer la capacidad de recuperación de toda la cadena forestoindustrial.

El dato más alarmante es que las mayores pérdidas de empleo se concentran en los segmentos de mayor transformación industrial, justamente aquellos que incorporan más tecnología, conocimiento y valor agregado. Entre los rubros más afectados se encuentran las tornerías (-34%), la fabricación de viviendas prefabricadas de madera (-23%), la producción de tableros y enchapados (-18%) y el aserrado de madera nativa (-17%). Estos eslabones, vinculados directamente a la construcción y al mercado de bienes durables, demandan mano de obra altamente especializada cuya formación requiere años de experiencia.

«Cada puesto de trabajo que se pierde en estas actividades representa mucho más que una estadística. Detrás de esos números hay conocimientos técnicos, experiencia productiva y capacidades industriales que constituyen uno de los principales activos de la cadena forestoindustrial y que luego requieren años para reconstruirse», señalaron desde FAIMA. El informe evidencia que la caída del empleo supera con holgura el retroceso productivo, lo que sugiere que las empresas no están ajustando horas o stock, sino desprendiéndose de su plantel y, con ello, de un capital humano difícil de recomponer.

El impacto no es homogéneo. Mientras los indicadores generales muestran una economía prácticamente estancada, las PyMEs fabricantes de muebles registraron una caída promedio del 14% en sus ventas durante el primer trimestre del año. Este dato genera especial alarma, ya que se trata de las empresas que sostienen buena parte del entramado productivo y del empleo en el interior del país. La construcción se identifica como uno de los principales canales de transmisión de la crisis, afectando a toda la cadena vinculada a viviendas prefabricadas, estructuras y aberturas.

Frente a este panorama, FAIMA sostiene que la preservación del capital humano debe convertirse en un eje estratégico para garantizar la competitividad futura de la cadena forestoindustrial. «La experiencia demuestra que las empresas pueden recuperar niveles de producción cuando mejora la demanda, pero reconstruir equipos especializados, recuperar oficios y volver a desarrollar capacidades técnicas es un proceso considerablemente más lento y complejo», concluyeron los industriales. El sector cuenta con fortalezas estructurales como la disponibilidad de recursos forestales y una amplia capacidad instalada, pero advierte que esa ventaja puede erosionarse si continúan desapareciendo empresas y empleos especializados.