Crisis en Bodegas Bianchi: despidos, retiros voluntarios y una deuda de más de 17 mil millones

La histórica bodega sanrafaelina Bianchi echó a 17 empleados y abrió un programa de retiros voluntarios para achicar su estructura, mientras intenta reestructurar una deuda que supera los $17.000 millones. La empresa, que en junio logró una tregua con sus acreedores para evitar el concurso, enfrenta un año de caída de ventas y cheques rechazados que ya superan los $1.600 millones.

Pasaron seis meses desde que Bodegas Bianchi blanqueó su crisis financiera. La empresa, una de las históricas de la vitivinicultura argentina, ya no podía sostener su cadena de pagos y acumulaba decenas de cheques rechazados. Hoy el panorama sigue siendo crítico: en los últimos días despidió a 17 trabajadores y abrió un programa de retiros voluntarios para reducir aún más su plantilla.

La decisión fue confirmada por la propia empresa, que explicó en un comunicado que «revisó su estructura para adecuarse al contexto que atraviesa la industria vitivinícola» y que las desvinculaciones se realizaron «dentro del marco de la legislación laboral vigente». También ofreció retiros voluntarios como una «alternativa adicional». Sin embargo, los trabajadores despedidos, algunos con entre 18 y 20 años de antigüedad, cuestionan la modalidad y denunciaron que la empresa aplicó el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, que permite reducir las indemnizaciones al 50% cuando existe falta de trabajo no imputable al empleador, pero sin haber iniciado previamente un Procedimiento Preventivo de Crisis.

La situación financiera de Bianchi sigue siendo delicada. Según los registros del Banco Central, la empresa pasó de 80 cheques rechazados por $1.012 millones en enero a 205 documentos impagos por $1.623 millones en julio. A eso se suma una deuda bancaria superior a los $17.000 millones con más de una decena de entidades, entre las que se destacan Banco Supervielle ($4.998 millones), Banco Macro ($2.056 millones), Banco Provincia ($1.936 millones) e ICBC ($1.709 millones).

En junio, la empresa logró un respiro: alcanzó un acuerdo de «standstill» con sus acreedores financieros que suspende temporalmente las acciones de cobro mientras negocia el reperfilamiento de su deuda. El objetivo, según informó a la Comisión Nacional de Valores, es evitar el concurso preventivo y preservar la continuidad operativa. Para conseguir liquidez, la firma ya había vendido una finca histórica en San Rafael por unos 10 millones de dólares y contrató a Southern Cone Partners y Ernst & Young como asesores financieros.

La reestructuración también alcanzó a la conducción. En mayo, el CEO Pablo Glöggler dejó su cargo en plena etapa de negociaciones, y hasta el momento la empresa no informó quién ocupará ese lugar. La gestión ejecutiva quedó a cargo de la tercera generación de la familia Bianchi, que ahora intenta pilotear la tormenta. El caso no es aislado: Bodega Norton ya está en concurso preventivo y otras firmas del sector enfrentan problemas similares en medio de la caída del consumo interno, el aumento de costos y las dificultades para acceder al crédito.