El Instituto Cristiano de Vicente López pondrá fin a 56 años de historia tras una fuerte caída de la matrícula, agravada por la baja natalidad y las dificultades económicas de las familias. La comunidad educativa del colegio aún busca alternativas para revertir la decisión.
El Instituto Cristiano de Vicente López, un histórico colegio privado con más de cinco décadas de trayectoria, comunicó que cerrará sus puertas al finalizar el ciclo lectivo. La institución, que actualmente cuenta con 171 alumnos y emplea a 55 personas, atribuye la decisión a la fuerte caída de la matrícula provocada por la baja de la natalidad y la crisis económica que atraviesa el país. Fundado por la Iglesia Evangélica Bautista, el colegio comenzó como un jardín de infantes y con los años incorporó la primaria y, en 2023, el nivel secundario, consolidando un modelo educativo basado en la inclusión y el acompañamiento a estudiantes con necesidades pedagógicas específicas.
La directora general del establecimiento, Adriana Rosa, explicó que el deterioro financiero comenzó a hacerse evidente tras la pandemia, cuando el nivel inicial, considerado el «semillero» de la institución, sufrió un desplome alarmante. «Pasamos de tener 90 chicos en el jardín a apenas 23. Ahí empezó a romperse el semillero», sostuvo. La disminución de alumnos obligó a cerrar salas y terminó afectando al resto de los niveles: la primaria redujo su matrícula de 125 a 79 chicos, mientras que el jardín cayó de 65 alumnos en 2023 a solo 22 en la actualidad. Paradójicamente, el secundario, abierto recientemente, fue el único nivel que logró crecer, pasando de 23 a 70 estudiantes.
A ese escenario se sumaron otros factores que hicieron inviable la continuidad del proyecto educativo, como la falta de subvención estatal, el incremento de los costos de funcionamiento y las dificultades económicas de muchas familias para sostener las cuotas. «Hace dos años y medio que venimos golpeando puertas buscando ayuda. Llegó un momento en que entramos en un proceso de endeudamiento y entendimos que no podíamos seguir», afirmó Rosa. La decisión fue comunicada con anticipación a las familias para facilitar la reubicación de los estudiantes, aunque desde la comunidad educativa aún mantienen la esperanza de encontrar alguna alternativa que permita revertir el cierre.
Padres y madres de alumnos destacaron el valor diferencial del colegio, especialmente su enfoque en la inclusión y el acompañamiento personalizado. «Nicolás se siente parte, se siente valorado y mirado en su singularidad. Eso hoy es muy difícil de encontrar», contó Analía Testa, madre de un estudiante de quinto año del secundario que necesita apoyo escolar. En la misma línea, Ricardo Spizzo, profesor universitario y padre de dos alumnas, resumió: «Lo principal es que los alumnos no son un número; son personas». La escuela se distingue por adaptar las estrategias de enseñanza tanto para estudiantes con dificultades de aprendizaje como para aquellos con altas capacidades, y actualmente brinda apoyo escolar a 39 alumnos que requieren acompañamiento específico.
Mientras las familias ya buscan vacantes para el próximo ciclo lectivo, muchas continúan intentando encontrar una salida que permita sostener la institución. «No queríamos que un día los padres llegaran y se encontraran con la escuela cerrada. Preferimos avisar con tiempo para poder acompañar la reubicación de cada alumno. Nos parte el corazón cerrar una escuela que es una comunidad, pero llegó un momento en que ya no entraba lo que salía», concluyó la directora. El cierre del Instituto Cristiano de Vicente López se suma a una tendencia preocupante en el ámbito educativo privado, donde cada vez más establecimientos enfrentan dificultades para sostenerse en un contexto económico adverso.




