El informe “Juventudes y trabajo precario”, del Centro de Estudios Demos, con datos del Panel de Hogares de la UNL, muestra que en 2025 los ingresos promedio de varones y mujeres quedaron por debajo de la canasta básica de una familia de cuatro integrantes. Además el 65% de los jóvenes que trabajan no realizaba aportes jubilatorios en 2025.
Para los jóvenes santafesinos, tener trabajo no es garantía de salir de la pobreza. Esa es una de las conclusiones del informe publicado en septiembre de 2026 por el Monitor Político y Social del Centro de Estudios Demos.
El estudio, dado a conocer por el Diario UNO de Santa Fe, analizó 1.435 casos relevados entre 2022 y 2025 en la ciudad de Santa Fe, correspondientes a jóvenes de 18 a 29 años, a partir de datos del Observatorio Social de la Universidad Nacional del Litoral.
Alrededor del 65% de los jóvenes que trabajan no realizaba aportes jubilatorios en 2025. Según el informe, 2 de cada 3 trabajadores jóvenes de la ciudad no cuentan con protección social adecuada (obra social, aportes jubilatorios, seguros de riesgo de trabajo) ni con trabajo formal.
Para los autores, la falta de aportes “no es sólo un problema del futuro”, sino una expresión de la desigualdad actual.

En 2025, el ingreso total promedio de los jóvenes se ubicó en torno a los $540.000 mensuales. Las mujeres percibieron en promedio $444.000 y los varones $558.000, lo que significa que los varones jóvenes perciben un 25,7% más que las mujeres jóvenes.
Según el informe, ambos promedios están “muy por debajo” de la canasta básica total que el INDEC estimó para una familia tipo de cuatro integrantes en junio de 2025 ($1.128.398).
Al sumar las categorías “trabaja” y “trabaja y busca trabajo”, el 47% de los varones está en esa situación, frente al 31,3% de las mujeres. Por su parte, el 56,41% de quienes realizan una actividad complementaria son mujeres, un valor muy cercano al 56,6% que la Fundación Encuentro registra a nivel nacional entre los pluriempleados.
Los autores interpretan que las trayectorias laborales femeninas sufren “con mayor crudeza” la insuficiencia de ingresos, mientras que los varones acceden a empleos principales con mejor remuneración y estabilidad. Aclaran, además, que esa segunda actividad no está asociada a una mayor formalización, sino a la búsqueda de ingresos informales.




