La situación se da en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia que pertenece a la UBA y al CONICET, donde estudian trastornos del neurodesarrollo en niños, que hoy requieren estudios genéticos de hasta 2.000 dólares. Mientras el titular del CONICET, Daniel Salamone, no se da por aludido, su directora advierte que, si el ajuste sigue, el laboratorio tendrá que cerrar.
Un laboratorio perteneciente a la Universidad de Buenos Aires (UBA) y al CONICET que trabaja en un análisis de sangre capaz de acelerar el diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo en niños advirtió que «si esto sigue así vamos a tener que cerrar«.
Así lo apuntó Verónica Báez, a cargo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia (IBCN), y es encabezada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet.
La declaración se da mientras el presidente del CONICET, Daniel Salamone, hace como si nada pasara, aún cuando el Jefe de Estado, Javier Milei, tilda de «terroristas», «canallas» y «casta» a los científicos del organismo que preside.
El desarrollo ya obtuvo resultados positivos en animales y hoy atraviesa la etapa de recolección de muestras en personas voluntarias, pero los insumos son pagados directamente del sueldo de los investigadores, debido al ajuste del gobierno nacional.

Un laboratorio de la UBA y el CONICET donde los científicos pagan los insumos
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos del neurodesarrollo son condiciones que alteran la conducta y el pensamiento durante los primeros años de vida, y que pueden dificultar la comprensión de conceptos, la realización de movimientos o la interacción con otras personas.
En el país, estos cuadros suelen agruparse bajo el amplio paraguas de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), y el tratamiento se organiza muchas veces por ensayo y error: kinesiología ante problemas motrices, psicopedagogía ante dificultades de aprendizaje, anticonvulsivos ante episodios convulsivos. «Cuando uno diagnostica por sintomatología, a veces puede no ser exacto«, explicó Báez.
La confirmación hoy depende de la secuenciación de ADN. «La secuenciación cuesta entre u$s1.000 y u$s2.000, dependiendo del tamaño de la secuencia a analizar. Para muchas familias es caro», señaló la investigadora. El acceso a un diagnóstico preciso queda así condicionado por la capacidad de pago de cada familia.

Era Milei 100%: Poner plata del sueldo para investigar
El costado más crudo del proyecto es financiero. «Tenemos mucha menos plata. Seguimos trabajando y colaboramos con gente de afuera, pero se está haciendo muy difícil porque la cantidad de dinero que teníamos para trabajar pasó a ser muy poca», describió Báez. Y fue más allá: «Muchos estamos poniendo plata de nuestro sueldo para mantener algunas cosas del laboratorio. Los insumos son muy caros».
La científica recurrió a un término que ya forma parte del vocabulario de la comunidad académica: «Llamamos ‘cientificidio’ porque mucha gente cerró su laboratorio o algunos juntaron laboratorios para trabajar entre dos como si fuera uno solo». Que investigadores del Conicet financien con su salario los insumos de un proyecto de salud infantil retrata el nivel de abandono del Estado nacional sobre el sistema científico.
«Los problemas de un país los tiene que resolver el país y no gente de afuera. Si no podemos preguntarnos las cosas ni contestarlas, ¿quién lo hará por nosotros?», planteó Báez. La pregunta conecta con una discusión de fondo sobre soberanía científica: sin financiamiento público, el conocimiento que necesita la salud argentina depende de voluntades individuales o de la cooperación externa.




