Alberto Patiño ya tiene su espacio para competir contra Roberto Fernández, aunque todavía está abierto a negociar una lista de unidad. Es por el temor de una intromisión judicial como ocurrió en la UOM y en los Gastronómicos. Busca quedarse con el control del AMBA en medio del retroceso de la representación del sindicato.
El actual Secretario de Organización de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), Alberto Patiño, lanzó su propio espacio pensando en la contienda electoral que se viene por la conducción del sindicato. Se trata de la Agrupación 2 de Julio, una corriente interna que vuelve a desafiar a Roberto Fernández y busca desplazarlo de la condición de lo que supo ser uno de los sindicatos más poderosos del país.
«Patiño está llamando a la unidad por temor a que ocurra una situación crítica o complicada, como ocurrió en la UOM o en los Gastronómicos», plantearon desde el entorno de Patiño que apuntan a una lista de única con él a la cabeza.
El escenario se abre tras el fallo judicial que avaló que haya representaciones en las regionales que no necesariamente estén atadas a la lista nacional, algo que ocurrió históricamente en el gremio por el estatuto que lo rige y marcó una de las mayores dificultades para los opositores.
«En el caso de que no se logre la unidad Patiño se va a lanzar con su propio espacio. En todo caso iría para quedarse con el control de lo que es el AMBA», especificaron.

Patiño buscará dar al zarpazo y quedarse con el cargo de Secretario General del gremio para el mandato 2027-2031 en medio de un clima de malestar generalizado por el deterioro salarial y la crisis estructural del transporte que atraviesa a los conductores. Es un hombre de buena llegada a las comisiones internas por su rol y de ascendente entre los gremios combativos del FreSU que lo cobijaron en su interior. Es más, hasta protagonizó una foto histórica con los Metrodelegados.
Patiño enfrentará a un golpeado Fernández que viene encabezando un sostenido deterioro del gremio. El gremialista asumió en 2008 y desde entonces fue zigzagueante en sus posiciones políticas y sindicales. Le imprimió un perfil dialoguista extremo, que lindó con lo sumiso en buena parte de sus gestiones. De hecho quedó marcado a fuego cuando se sentó a anunciar un aumento del boleto en una mesa con los funcionarios del macrismo como si fuera parte de ese Gobierno.
Esa postura le costó, primero, la virtual pérdida del control de la representación de los trabajadores del Subte a manos de los metrodelegados. Es que más allá de si conservó la lapicera para firmar las paritarias bajo tierra, el tenor de las negociaciones lo marcaron (y lo marcan) las huelgas de los trabajadores enrolados en la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y el Premetro (AGTSyP).
Más tarde una interna irresuelta con su secretario de Organización, Miguel Ángel Bustinduy, terminó en una cinematográfica toma de la sede sindical y el virtual quiebre del gremio. Bustinduy se llevó a los delegados del poderoso Grupo DOTA a un sindicato alternativo y eso generó que la UTA deje de controlar casi la mitad del transporte automotor de la zona metropolitana del AMBA. De hecho las líneas de DOTA suelen trabajar más allá de si la UTA decide una huelga.




