El aviso se publicó el domingo. Para el martes por la noche, los primeros postulantes ya habían comenzado a hacer fila. Bajo una lluvia persistente, unas dos mil personas formaron una cola de diez cuadras en Paso del Rey, Moreno, para intentar conseguir uno de los 60 puestos de trabajo que ofrece el frigorífico Don Theo, que abrirá sus puertas en junio. La policía tuvo que intervenir para ordenar a la multitud. «Es tristísimo ver tanta gente», confesó una de las dueñas de la empresa.
«Es tristísimo ver tanta gente, me pone mal. Es impresionante. Nosotros podemos contribuir con un par de puestos, pero es muy triste lo que pasa. Me pone mal, no te pone contento», dijo Carolina, una de las dueñas del emprendimiento, desbordada por la convocatoria masiva. El frigorífico busca personal para cubrir roles administrativos, carniceros, polleros, fiambreros, choferes, personal de carga y descarga, marketing, limpieza, control de balanza, mantenimiento, cocineros y cajeros. Cerca del mediodía, otro de los dueños explicó que ya habían entrevistado a 600 personas.
Entre la multitud, historias que retratan la crisis se repetían. Un hombre que manejaba Uber de manera eventual, una mujer que había perdido su trabajo en una clínica, otra que vivía de vender sándwiches o pizza en la calle y un chofer que buscaba un empleo estable fueron algunos de los que se acercaron hasta el frigorífico bajo la lluvia. Muchos llevaban horas de espera, algunos llegaron incluso la noche anterior, decididos a no perder la oportunidad.
«Esto para que vea Milei la cantidad de desocupados que hay», disparó una de las mujeres en la fila, en un reclamo que se hizo eco entre los postulantes que hablaban con la prensa presente en el lugar. Un joven que también esperaba su turno sumó su testimonio: «Los últimos dos años fueron terribles, años atrás no era así. No había esa convocatoria por un puesto de trabajo. Y yo trabajo desde los doce años». Su frase reflejó un diagnóstico compartido: lo que antes era excepcional, hoy se ha vuelto una constante.
La escena de Moreno no es un hecho aislado. Colas multitudinarias para postularse a pocas vacantes se replican en distintos puntos del país, mientras la desocupación, el empleo precario, mal pago y la caída del poder adquisitivo golpean con fuerza a los trabajadores. La policía, finalmente, tuvo que intervenir para poner orden en una fila que ya no cabía.




