Trabajadores de la fábrica Sabri denunciaron despidos masivos, falta de pago de haberes y condiciones laborales «inhumanas»

Los empleados de la empresa ubicada en Recreo, Catamarca aseguraron que fueron desvinculados sin previo aviso y que la firma mantiene deudas millonarias por sueldos, vacaciones y aguinaldos. Aseguran que los despidos se realizaron en varios casos mediante mensajes de WhatsApp y que las condiciones de trabajo estaban al borde de la explotación.

Trabajadores de la fábrica SABRI, una empresa dedicada a la fabricación de ladrillos y otros productos de cerámica en la localidad de Recreo, Catamarca, denunciaron que fueron despedidos sin previo aviso y que la firma adeuda salarios, vacaciones, aguinaldos y otros conceptos laborales. La firma, que se dedica a la fabricación de indumentaria de trabajo, telas y prendas para marcas internacionales como Zara y Puma , contaba con una producción mensual de 100.000 metros de tela y 20.000 pantalones, y empleaba a 92 trabajadores.

Según el testimonio enviado por los empleados afectados, la empresa habría despedido a unos 80 empleados que se encontraban en la informalidad a través de mensajes de WhatsApp, y a unos 30 trabajadores contratados, sin ninguna notificación formal ni el pago de las indemnizaciones correspondientes.

Los trabajadores también señalaron que la empresa no contaba con condiciones laborales adecuadas ni representación gremial, y que las jornadas de trabajo se extendían hasta 12 horas diarias sin el pago de horas extras ni nocturnas. Según denunciaron, existían controles sobre los tiempos de descanso y las salidas al baño, y los empleados que se enfermaban eran obligados a seguir trabajando.

Según diversos medios locales, la empresa recibió asistencias crediticias de distintos organismos, entre ellas de las líneas PyME Federal y CreAr Federal, y el Gobierno provincial de Raúl Jalil visitó recientemente la planta en el marco de recorridas por establecimientos industriales. La empresa, cuyo propietario es Carlos Brieva, ya había atravesado conflictos laborales previos. En marzo de 2025, una delegada del Sindicato de Obreros y Empleados de la Industria del Vestido y Afines (SOIVA) denunció demoras en el pago de salarios y condiciones de trabajo insalubres, afectando a aproximadamente 100 trabajadores.

Treinta exempleados contratados de la fábrica Sabri, en Recreo, iniciaron un reclamo para exigir el pago de salarios, vacaciones, aguinaldo e indemnizaciones que, según sostienen, la empresa aún les adeuda tras haber sido despedidos. Además, denunciaron presuntas irregularidades en las condiciones laborales y aseguraron haber trabajado durante años bajo un sistema de amenazas y controles permanentes.

En Radio El Esquiú 95.3, Daiana Basso, una de las trabajadoras despedidas, explicó que son 30 los contratados afectados: «Siempre nos dice lo mismo: ‘ya les pago para la otra semana, no tengo dinero’«, relató.

La exempleada sostuvo que la mayoría llevaba casi cuatro años trabajando y que decidieron iniciar acciones judiciales porque «no nos quiere pagar indemnización». También aseguró que la deuda ronda los $2 millones para cada trabajador, entre salarios, vacaciones, aguinaldo y otros conceptos.

Basso además confirmó las graves denuncias sobre las condiciones de trabajo dentro de la planta. «Nos explotaban, nos hacían trabajar ocho horas, descansábamos ocho horas y volvíamos otras ocho horas. A veces trabajábamos 16 horas seguidas«, expresó. Asimismo, afirmó: «Nos controlaban las idas al baño, teníamos una cámara directa al baño» y agregó que «todo el tiempo estábamos bajo amenazas».

Según su testimonio, tampoco podían afiliarse a un sindicato. «Jamás nos dejó adherirnos a uno porque con amenazas también nos decían que nos iban a dejar sin trabajo», manifestó.

«Él estaba recibiendo la ayuda del Gobierno, pero a nosotros no nos pagó«, aseguró, y añadió que el ministro de Producción visitó la planta cuando los contratados estaban de vacaciones, por lo que «no tiene idea de esto».

Finalmente, Basso indicó que los despedidos permanecerán reclamando frente a la fábrica hasta obtener una respuesta. «Solo queremos que nos pague lo que nos corresponde, nada más», concluyó.