La histórica empresa santafesina Lácteos Verónica se presentó en concurso preventivo con un pasivo de casi $16.000 millones, más de 2.900 cheques rechazados y sus tres plantas prácticamente sin actividad. La crisis de la firma, fundada en 1923 y controlada por la familia Espiñeira, golpea a una de las industrias emblemáticas del centro del país.
Una de las empresas más tradicionales de la industria láctea argentina atraviesa su peor momento. Lácteos Verónica, que llegó a procesar más de un millón de litros de leche diarios y a emplear directamente a unas 700 personas, se presentó esta semana en concurso preventivo de acreedores ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N°17. La compañía, con tres plantas en las localidades santafesinas de Clason, Lehmann y Suardi, acumula deudas por más de $15.900 millones, mientras la producción se encuentra prácticamente paralizada y los salarios continúan impagos.
El cuadro financiero que presentó la empresa ante la Justicia es de una gravedad extrema. Entre las principales obligaciones figuran unos $4.745 millones correspondientes a deudas con entidades financieras como Banco Galicia, Banco Nación, Banco Macro, Credibel y Catalinas Cooperativa de Crédito, entre otras. A ese monto se suman más de 2.900 cheques rechazados por un valor aproximado de $11.200 millones, un indicador que refleja el colapso de la cadena de pagos que afecta a proveedores y acreedores de todo el país.
El deterioro de la empresa, que bajo el gobierno de Javier Milei profundizó su crisis, no se limita al aspecto financiero. Las tres plantas santafesinas permanecen paralizadas o con una actividad mínima por falta de capital de trabajo y de materia prima, ya que unos 150 productores tamberos que suministraban leche a la compañía también reclaman acreencias acumuladas que rondarían los 60 millones de dólares. La situación laboral es desesperante: los trabajadores no perciben sus salarios desde hace meses y han recurrido a la ocupación de las plantas y a la asistencia del gobierno provincial y municipal para cubrir necesidades básicas de alimentación.

En un intento por evitar la quiebra definitiva, la firma recurrió al concurso preventivo, una herramienta legal que busca ordenar las deudas y negociar con los acreedores. Previo a esta presentación, la compañía ya había intentado avanzar con un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) que contemplaba la desvinculación de alrededor de 200 empleados, pero la iniciativa no logró resolver el conflicto. Mientras tanto, la cooperativa cordobesa Copalac acordó operar a fasón la planta de Suardi, lo que permitiría una ocupación provisoria para unos 30 trabajadores, aunque el alcance es parcial frente a la magnitud de la crisis.
El futuro de Lácteos Verónica, que durante décadas exportó a Argelia y a otros destinos de África y Medio Oriente, queda ahora en manos de la Justicia comercial, que deberá resolver si abre formalmente el proceso concursal. El escenario es incierto tanto para los trabajadores como para los proveedores, mientras en la provincia de Santa Fe, el intendente de Suardi, Leandro Gastaldi, ya planteó la posibilidad de avanzar hacia una expropiación de las plantas para que vuelvan a funcionar.




