La crisis textil se profundiza: la actividad cayó 22,6% en lo que va del año y ya se perdieron más de 28.000 empleos

Un informe de FITA reveló que el sector textil opera con apenas el 45,3% de su capacidad instalada, muy por debajo del promedio industrial, y que la pérdida de puestos de trabajo se duplicó en el último año. Los tejidos y acabados concentraron el mayor derrumbe, con una caída del 35,1%. «Las empresas quieren trabajar, pero la industria textil opera con más de la mitad de su capacidad sin utilizar», advirtió Celina Pena.

La industria textil argentina profundizó su crisis durante 2026 y acumuló una caída de 22,6% en los primeros siete meses del año en comparación con igual período de 2025, según el último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA). En julio, la producción del sector se contrajo 13% interanual y se mantiene en los niveles más bajos de los últimos tres años. El deterioro fue mucho más pronunciado que el del conjunto de la industria: mientras el sector textil acumuló una baja de 22,6% hasta julio, la producción industrial general retrocedió apenas 2,6% en el mismo período. Dentro de la cadena textil, el principal impacto se concentró en tejidos y acabados, cuya actividad se redujo 35,1% en los primeros siete meses.

El desplome de la actividad tuvo un correlato directo sobre el empleo. El agregado de textil, confección, cuero y calzado registró 92.531 puestos formales en junio, 1.284 menos que un mes antes y 16.536 menos que en junio de 2025. Desde diciembre de 2023, cuando asumió el gobierno de Javier Milei, se perdieron 28.322 puestos de trabajo en el sector. FITA destacó que el promedio mensual de empleos perdidos se duplicó entre junio de 2025 y junio de 2026 respecto de los 18 meses anteriores. El dato adquiere relevancia por el peso relativo del sector: textil, confección, cuero y calzado representan el 8,4% del empleo industrial, pero explicaron el 50% de la pérdida mensual y el 31% de la caída interanual registrada por la industria en junio.

La contracara del derrumbe productivo es la capacidad ociosa. El sector textil operó con apenas 45,3% de su capacidad instalada, 12,9 puntos porcentuales por debajo del promedio de la industria, que alcanzó 58,2%. La utilización textil cayó 1,3 puntos frente a junio y 0,9 puntos en la comparación interanual. Según el informe, desde 2024 el sector se mueve en niveles de utilización de entre 30% y 50%, luego de haber oscilado entre 50% y 60% durante 2023. «Las empresas quieren trabajar, pero la industria textil opera con más de la mitad de su capacidad sin utilizar. Necesitamos condiciones que permitan sostener la producción y el trabajo en la Argentina. Recuperar el empleo y la capacidad productiva que se pierden es cada vez más difícil», señaló Celina Pena, gerenta general de FITA.

La contracción también se refleja en la desaparición de establecimientos y en la caída de la inversión. En junio había 1.939 establecimientos textiles y 2.343 de confección, que en conjunto sumaron 4.282 unidades, 517 menos que un año antes. Desde diciembre de 2023 se perdieron 770 establecimientos en términos netos y el 67% de esa reducción se produjo durante los últimos doce meses. En paralelo, las importaciones de maquinaria textil acumularon USD 78 millones entre enero y agosto, un 31,2% menos que en igual período de 2025, cuando habían alcanzado USD 113 millones. La mitad de las compras correspondió a maquinaria de lavado, seguida por equipos de hilatura y de coser.

El cuadro se completa con un cambio en la composición de las importaciones y una evolución de precios que ahoga al sector. Mientras retrocedieron los insumos y productos intermedios, aumentaron las compras de bienes finales, con subas acumuladas de 53,5% en prendas y 21,8% en confecciones. En agosto, los precios al consumidor de prendas de vestir, cuero y calzado bajaron 0,6% mensual y acumularon un aumento interanual de 11%, frente al 33,5% del nivel general. «El sector tiene poco margen para trasladar a precios el aumento de sus costos», sostiene FITA. El informe concluye que la actividad textil continúa sin mostrar señales de recuperación y permanece estancada en niveles bajos desde fines de 2025, con un escenario de deterioro que se profundizó durante 2026.