La Cooperativa Textil de Berisso, parada y con retiros reducidos en un 30%: «Otra es cerrar y dejar 130 familias en la calle e ir a buscar una bolsa de comida al municipio. Es una locura lo que estamos viviendo»

El presidente de la Cooperativa Textil de Berisso, Luis Giménez, advirtió que la histórica empresa recuperada atraviesa una de las peores crisis de sus 53 años de historia: llevan dos meses con la producción paralizada, una deuda del Ministerio de Salud bonaerense y una reducción del contrato a solo el 60% del volumen histórico. Para sostener los 130 puestos de trabajo, los asociados deberán resignar un 30% de sus ingresos mientras buscan nuevos mercados.

La Cooperativa Argentina de Trabajo Textil de Berisso, una de las experiencias de autogestión más emblemáticas del país, atraviesa el momento más crítico de su historia. Luis Giménez, presidente de la comisión de administración, confirmó que la planta de la calle 8 permanece paralizada desde hace dos meses y que la continuidad de 130 familias está en riesgo. «Hoy cumplimos dos meses con la fábrica paralizada», sostuvo en diálogo con radio Realpolitik. La situación se desencadenó luego de que el Ministerio de Salud bonaerense, por primera vez en más de cinco décadas, abriera a licitación el suministro de gasas que la cooperativa proveía de manera exclusiva .

Giménez explicó que la cooperativa fue preadjudicada con el 60% del contrato, pero que el 40% restante quedó en manos de empresas privadas. «Nos mandaron a licitar con empresas, ya nos perjudicaron solamente el 60 por ciento. El 40 por ciento quedó desierto, como que quedó fracasado. Todavía no hay una explicación clara», denunció. La cooperativa había presentado una oferta para cubrir la totalidad de la demanda anual de 348 mil kilos de gasa hidrófila que abastece a 85 hospitales públicos bonaerenses. Según explicaron los trabajadores en anteriores movilizaciones, la diferencia con la oferta de una empresa privada fue de apenas un 2%, pero el procedimiento derivó en un escenario de incertidumbre que dejó a la cooperativa con menos de la mitad del trabajo que históricamente tuvo.

El presidente de la cooperativa reconoció que el nuevo escenario obliga a un ajuste drástico que, una vez más, recae sobre los trabajadores. «La estructura nuestra está armada para cierto ingreso. Ya nos encontramos que esa estructura nos sobra por todos lados. Entonces, es agachar la cabeza y seguir», expresó. Y fue contundente: «Lamentablemente en una industria que los costos los paga siempre el laburante». Giménez detalló que la cooperativa no tiene margen para reducir otros gastos porque los principales costos están regulados o son impuestos por proveedores. «¿Qué negociás? ¿De dónde vas a bajar costos? Es una locura lo que te voy a decir, pero tenemos que bajarnos los retiros», manifestó, y confirmó que todos los asociados deberán resignar parte de sus ingresos: «Los compañeros hoy tenemos que bajarnos casi un 30 por ciento de los retiros para aguantar los primeros meses y salir a buscar mercado, a vender».

Además de la reducción del contrato, Giménez denunció que la cooperativa continúa esperando el pago de facturas correspondientes al contrato anterior, algunas con más de cuatro meses de demora. «Tenemos facturas de hace cuatro o cinco meses y seguimos esperando. La respuesta siempre es la misma: que no hay plata», afirmó, y reclamó mayor sinceridad por parte de las autoridades: «Me gustaría que me digan las cosas de frente. Decime las cosas como son. El que te den vuelta y no te den respuestas es feo». La deuda provincial, sumada a la falta de definiciones oficiales sobre la licitación, mantiene a la cooperativa en un estado de parálisis que ya lleva dos meses.

A pesar del complejo panorama, Giménez aseguró que los trabajadores seguirán apostando por la continuidad del proyecto productivo. «Es muy angustiante. Pero no vamos a bajar los brazos, vamos a seguir», afirmó. Y dejó una reflexión cargada de emoción sobre el vínculo que mantiene con la cooperativa desde hace tres décadas: «Yo tengo 30 años dentro de la cooperativa. Es mi casa. Gracias a esa cooperativa yo formé mi familia». «Otra es cerrar y dejar 130 familias en la calle e ir a buscar que el municipio te dé una bolsa de comida. Es una locura lo que estamos viviendo», advirtió. La Cooperativa Textil de Berisso, nacida en 1969 de las indemnizaciones que los propios trabajadores pusieron sobre la mesa cuando los capitales ingleses abandonaron Berisso, espera ahora una definición que no llega.