Tras más de 50 años de actividad, la fábrica de retenes SCAR bajó sus persianas en barrio Pueyrredón, en Córdoba, dejando un edificio vacío, un fuerte impacto social en la comunidad y una nueva señal de alarma sobre la situación de la industria nacional.
Después de más de medio siglo de actividad ininterrumpida, la fábrica de retenes SCAR bajó definitivamente sus persianas en barrio Pueyrredón, en la ciudad de Córdoba. El cierre dejó una imponente estructura de cemento vacía y alteró la dinámica cotidiana de una zona que durante décadas creció al ritmo de la producción industrial.
El edificio, que supo ser símbolo de trabajo y movimiento constante, hoy luce en silencio. Donde antes ingresaban y salían camiones con mercadería rumbo a distintos puntos del país, ahora solo quedan portones cerrados y ausencia de actividad.
En su etapa de mayor esplendor, SCAR se consolidó como un referente industrial cordobés en la fabricación y distribución de retenes, con una red comercial que trascendía las fronteras provinciales. Operarios en distintos turnos, proveedores y transportistas formaban parte de la escena habitual del barrio.

El cierre no solo implica la pérdida de una unidad productiva con 50 años de historia, sino también un golpe social y emocional para la comunidad de barrio Pueyrredón. Comercios cercanos, familias vinculadas a la actividad y vecinos que convivieron durante décadas con la fábrica sienten hoy el vacío que dejó su partida. “Mucha tristeza”, resumió un vecino a medio locales al observar el predio sin movimiento.
El caso se suma a otros cierres y dificultades que atraviesa el sector industrial en distintas regiones del país, en un contexto que permite hablar de industricidio.




