Un informe de C-P Consultores reveló que la tasa de apertura de nuevas empresas cayó a niveles comparables con los de la crisis de 2001-2002, mientras que el cierre de firmas se mantiene en cifras similares a las de la pandemia de 2020. En la administración de Javier Milei ya se perdieron 28.262 compañías y 341.396 puestos de trabajo formales. La dinámica observada no refleja una «destrucción creativa», como aseguró el presidente Milei, sino un ajuste estructural.
La tasa de apertura de nuevas compañías cayó a valores comparables con los de la crisis de 2001-2002, mientras que el cierre de empresas se mantiene en niveles similares a los de la pandemia de 2020. Así lo reveló un informe de C-P Consultores, que advierte que la dinámica observada refleja un proceso de ajuste estructural y no una economía en reestructuración, en la que los nuevos sectores reemplacen a los viejos.
En la administración de Javier Milei ya se perdieron 28.262 compañías (-5,5%) con al menos un empleado y 341.396 puestos de trabajo formal en ese mismo período, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). En su mayoría fueron pymes las que bajaron sus persianas. Estos números muestran un achicamiento del entramado productivo que no encuentra compensación en la creación de nuevas firmas.

La dinámica observada no parece convalidar la teoría de la destrucción creativa, del economista Joseph Schumpeter, que refiere a procesos en los cuales unas empresas caen para dar lugar a otras nuevas. Por el contrario, existe una menor tasa de creación a la par de una mayor tasa de cierre, que refleja más una crisis productiva que otra cosa. «En lugar de una economía en reestructuración, donde los sectores nuevos reemplazan a los viejos, el sector formal atraviesa un proceso de ajuste estructural», plantea C-P.
La caída en la creación de empresas no se limita a una actividad específica, sino que alcanza a prácticamente todos los sectores productivos, desde la industria hasta el comercio, pasando por hoteles y restaurantes, transporte y servicios. La principal diferencia respecto de otras etapas es que actualmente no aparecen nuevos proyectos capaces de compensar el cierre o el achicamiento de las empresas existentes. «La película del último año muestra una economía en contracción, en la que las empresas se achican desvinculando personal, hay un sendero creciente de cierre de empresas y un nivel de apertura tan bajo como si estuviéramos en la crisis macroeconómica más grande de nuestro país: 2001-2002», sostuvo el informe.
Más allá del impacto sobre el empleo, la consultora interpreta que la baja creación de empresas funciona como un indicador de las expectativas económicas. Si bien la inflación se desaceleró respecto de los máximos de 2024, los ingresos permanecen estancados, lo que genera dificultades para proyectar rentabilidad y desalienta la puesta en marcha de nuevos emprendimientos. En ese contexto, cerca del 75% del empleo formal depende de empresas que continúan operando, por lo que la decisión de esas firmas de ajustar personal explica buena parte del deterioro del mercado laboral.




