sábado, diciembre 3

Alejandro Melamed: «No pensemos en los puestos de trabajo, pensemos en las personas, que cada persona tiene que tener el trabajo que la dignifica»

(Por Luis Autalán @luisautalan / Fotografía Ariel Gaspardi) Alejandro Melamed es un doctor en Ciencias Económicas (UBA) pero que además de un eterno «abrazo del alma» a la Universidad Pública lo destaca su especialización en múltiples disciplinas dedicadas al «Trabajo del Futuro», que pandemia mediante, anticipó su llegada. Ilustra desde el realce a la tecnología que corresponde considerar en que el talento y la humanización son imprescindibles y constituyen el camino para un país mejor y remarca que no se trata de una utopía. Trazos como «el ponerse en el lugar del otro» hasta cuando se recorren las calles y se verifican las crudas postales de la indigencia, a través del camino y compromiso ético de «generar confianza», desde tres patas claves y en conjunto, Estado, empresarios, trabajadores y trabajadoras: habrá presente y un mañana.

A la hora de cualquier esquema para una nota periodística surge la obligación de respetar las 5W, una nómina que, desde el origen didáctico inglés sobre tales palabras, hace a responder en el desarrollo escrito, oral, web o televisivo, sobre: quién, qué, cuándo, dónde y por qué. Sin vacunas para sobrevivir a la grieta, pero repasando medicinas de los 70, diremos que la profesora Gabriela Castori de Brardinelli nos inculcó que «un reportaje no es una batalla entre el periodista y el protagonista y que incluso respetando distancias no eran nocivas las afinidades o diferencias con un entrevistado, porque la relevancia estaba en el desarrollo del artículo». Aquella docente nos dejó su enseñanza en tiempos de la dictadura cívico militar, lo cual hace a un valor agregado para tal prédica humanista.

Es por esas sendas donde uno disfruta o asume lo no grato de este oficio, dejando en «modo pausa» las charlas con dirigentes sindicales este nuevo trabajo para InfoGremiales nos llevó a compartir un café con Alejandro Melamed, Contador Público y Doctor en Ciencias Económicas (UBA). También es consultor y referente internacional en estrategia e innovación disruptiva en Recursos Humanos. También es escritor, coach ejecutivo y docente. Alguien que viene del futuro del trabajo. Ahora, en su currículum extenso surgen dos tópicos atrapantes, el primero: colaboró con el entrenador Ariel Holan en el Club Atlético Independiente. Lo hizo «ad honorem», porque quería ser parte del plantel del club que tiene marcado a fuego en su alma, un sueño cumplido en 2019. El segundo, en los servicios a empresas ofrece un capítulo especial «Confidential Advisory», por el cual los ejecutivos pueden conocer lo que «ni nunca» les dirá su propia tropa, incluidos los «aplaudidores seriales». Todo un tema que merecería un desarrollo novelesco.

A la hora de aprovechar el tiempo, la entrevista se desarrolló en un paréntesis de sus clases en la Universidad de Buenos Aires, y a gusto compartido, se habló de coincidencias desde las dos veredas de Avellaneda. El por sus «Diablos Rojos» y quien suscribe por el Racing Club, uno de los puntos en común fue la magia de Ricardo Enrique Bochini. Y de música y textos también se apreciaron simetrías. «En el rock me gusta el estilo Queen. Y cuando necesito concentrarme pongo música tranquila, que no tenga palabras, algo que me deja empezar a volar cuando escribo», confesó. Y si bien en cuanto a pasiones la escritura se realza en Melamed, quién entre otros libros publicó: «El futuro del trabajo ya llegó Y el trabajo del futuro también», «Tiempos para valientes» e «Historias y mitos de la oficina. Lo que nadie cuenta», mantiene perfiles de amateurismo en esa dedicación y otras específicas de su labor.

«Debe haber pocos negocios que sean tan poco redituables como la escritura, el negocio se lo lleva la editorial y el librero, el escritor gana el 10% pero uno lo hace con placer. Siento que parte de mi responsabilidad es compartir las experiencias con muchas personas», explicó. Aunque no lo destaque, Melamed rechazó «ofertas atractivas» en valor moneda para prestar servicios en diferencia plena de criterios con hombres de negocios sector VIP. Lo cual además hace juego con una pasión inocultable por «el ser universitario toda la vida», con la camiseta de la Universidad Pública sobre el pecho y la base de conciencia en poder compartir cada paso y el descanso con su familia, a quienes destaca como su equipo ideal. Con el desafío entonces de entrevistar a un coach profesional, lo cual hace a una capacidad expresiva que contrasta con el gentil tiempo concedido para el reportaje, salimos a la cancha.

«Estamos en un mundo, y ahí viene lo interesante, donde a mayor tecnología mayor necesidad de lo humano»

Alejandro Melamed

-El mundo del trabajo, en pandemia, aceleró todos sus cambios. ¿Una dinámica sin retorno?

-Hay dos posturas. Algunos piensan que fue “resetear”, un camino de no retorno. Otros interpretan que fue una pausa y quieren volver atrás. Ahí está uno de los grandes desafíos que tenemos, ver que fue una oportunidad de aprendizaje y no quedarnos anclados al pasado. Hay empresarios, sindicalistas, trabajadores, de los que quieras, de cualquier ámbito, que prefieren que no haya cambios en lugar de visualizar lo que se viene a futuro. Mi opinión es que tenemos que generar un escenario donde todos tienen que ganar y verse beneficiados. Entonces esta experiencia de traer el futuro al presente, nos brinda la posibilidad de mostrarnos cómo todos podemos ganar.

-Ahora, cuando se «resetea» hay cosas que se pierden inexorablemente. Para algunos el no haber regresado a su grupo, con el que estaba 40 horas semanales implica perder vínculos, la interacción y más.

-Se perdió lo que se denomina el «capital social», que es cuando tomás el cafecito o charlás en el ascensor. Parte de lo que tenemos que encontrar son mecanismos de conexión que incluyan lo presencial cuando realmente es necesario. Para mí el punto central hoy es que la gente no vaya solamente porque «hay que ir» a la oficina, hablo de todo trabajo que se puede hacer de manera remota y no requiere la presencialidad. ¿Lo que tenemos que hacer es generar instancias de conexión social? Sí, por supuesto. Pero no que haya eso de «voy a fichar todos los días». Porque en el trabajo, más allá de ciertas actividades que lo requieren, y son cada vez menos, lo más importante es la cantidad de ideas que generás, no la cantidad de tiempo que estás.

Separamos a la construcción, los petroleros, todo lo fabril, eso no es por remoto.

-Exactamente. Vamos a hablar de los empleados del conocimiento. Lo importante es lo que vos producís, los resultados que generás, las ideas. Inclusive, a veces podés generar mucho más en menos tiempo, que solo estar calentando una silla durante 8 o 9 horas, y es lo que muchas personas hacen. Entonces, conectando los temas, primero -definitivamente- hay que encontrar mecanismos de conexión personal, emocional y social, no tengo dudas. ¿Número 2? Identificar lo que podría perderse en ese «reseteo». Por ejemplo, no debería perderse la posibilidad de conectarse entre las personas y los equipos. Hay una cuestión de la conexión emocional que no se da de otra manera que no sea presencial, hasta que salgan tecnologías que nos permitan hacer eso.

-Consideremos el riesgo también de la conexión 24 x 7.

-Creo también que hay que encontrar oportunidades para que las personas corten entre el trabajo y el no trabajo, algo que se perdió. Cuando vos trabajás en tu casa no tenés ese tiempo físico y emocional de separarte del laburo, vos seguís laburando y seguís laburando. Cuando vas al trabajo tenés un momento, parás la pelota, mirás la cancha, y tu mente se desintoxica, se libera. Cuando trabajás en tu casa eso no ocurre, claro. Estas cosas hay que aprender para ver de qué manera no las perdemos. En ese «reseteo» tenemos que optimizar todo aquello que ganamos y ver cómo nos devuelven aquellas cosas que perdimos. Desde ya, en pandemia lo peor que perdimos fueron un montón de vidas, de personas, seres queridos y amigos. El resto es recuperable. En los dos casos hay algo para evitar: el piloto automático. Hay una diferencia entre lo que se llama el cambio y la transformación. El cambio es tu reacción ante lo externo, la transformación es algo que viene desde adentro, tu deseo, tu propósito. Y ahí es donde hay que manejarse. Es una oportunidad que nos brindan: «mirá te sirvo todo para que busques lo mejor». Ahora, tenés que ser inteligente y capitalizar la oportunidad.

Alejandro Melamed - InfoGremiales

-En la Argentina por lo pronto, lo primero que pensaron algunos empresarios es: «¿Ah, no vienen a trabajar? Gasto menos, bajo el costo laboral». ¿Es una mirada chiquita?

-Es una mirada chiquita, pero lo primero que pensaron no pasó por ese lado sino que les preocupó perder el control. Hay una especie de transición de modelos: del control a la confianza y estamos en un país donde la confianza cuesta. ¿Qué es la confianza? Es una fórmula: sé de lo que hablo, honro mis compromisos, genero una relación cercana y me dedico al otro o me dedico a mí. ¿Y qué es lo que pasa cuando estás en un país donde el inconsciente colectivo te lleva a pensar en el interés personal por sobre el interés del otro? Es ahí donde no podés generar la confianza. Algunos empresarios se plantean: «¿Cómo hago para que estos tipos no me perjudiquen o no tomen un valor que no tienen que tomar?» Ahora, a su vez, también el empleado dice ¿cómo hago para que este tipo me banque todo lo que necesito para trabajar en mi casa?. Todo esto tiene un origen y es profundo el tema. El origen es cuando vos tenés un vínculo transaccional o un vínculo de valor. Creo que, lamentablemente, en muchas empresas se produce un vínculo de transacción: «Te doy, te exijo, me das, te exijo, y si no me das te exijo más». Es una escalada donde en lugar de ganar todos salen todos perdiendo. Hay que empezar a pensar en modelos superadores, que se llaman las relaciones de valor. Allí brindo mi mejor versión y a su vez lo que hago es percibir que lo que el otro me da es superior a lo que yo brindo, en los dos lados como dinámica. El empleado da su mejor versión, la empresa igual y entrás en un círculo virtuoso.

-Arribamos a un debate actual, e incluso a John Keynes: el círculo virtuoso de la economía…

-(Sonrisas) Soy muy transparente y trabajé en un momento en relaciones sindicales cuando me desempeñaba en la empresa Molinos, tuvimos allí un vínculo espectacular con la gente del sindicato. La primera vez que me enfrento con ellos les digo: «Vamos a hacer algo, no hablemos de las diferencias que tenemos, vamos a ver todas las cosas que tenemos en común y los proyectos que podemos hacer en conjunto, que los dos ganemos». Y ahí abordamos cuestiones que van desde la posibilidad de que ellos pudieran completar la escuela primaria, la secundaria, temas de alcoholismo, de drogadicción y más por darte ejemplos. Un montón de cosas donde todos nos necesitamos. Porque una vez que se construye la confianza, que vos construís un vínculo, todo el resto fluye. El concepto es cuando el contexto está generado y cualquier texto fluye. ¿Hoy que es lo que visualizo? Que muchos contextos están generados de manera tóxica. Cuando un contexto es tóxico, digas lo que digas va a ser percibido así, en el ámbito que sea. Cuando el vínculo es saludable, fíjate en esta charla, lo primero que hiciste vos fue hablemos de fútbol, de cosas que nos unen, el jugar bien, me comentaste que sos de Racing pero los dos estamos en la misma. Es un buen ejemplo, porque todo esto que hablemos va a fluir porque los dos tenemos confianza. Nos decimos, «este tipo no me va a perjudicar». Entonces tenemos una conexión que permite que el diálogo fluya. Cuando esto no ocurre, es el vínculo transaccional es que terminás teniendo mercenarios de los dos lados, porque lo único que buscan es la guita, cómo gano más, cómo le saco más. Es el concepto de la abundancia, partiendo de que si soy un miserable voy a encontrar miserabilidad del otro lado. Ahora, si tengo un pensamiento, aclaro que no soy un idealista estúpido, pero creo que cuando uno piensa en el beneficio mutuo, la posibilidad es enorme.

-Pisar al rival, pisar al trabajador, o viceversa.

-No entiendo el modelo del empresario contra el empleado o al revés. El empleado necesita al empresario porque necesita laburar, por supuesto, y el empresario también, hay algo que enseño en las carreras de recursos humanos, a los chicos de las maestrías: «La mejor estrategia sin las personas apropiadas es solamente una expresión de deseos». Muchos se dan cuenta que, por no tener las personas adecuadas, hacen muy lindos planes de negocios que después no los ejecuta nadie. En el caso de los medios periodísticos, en una redacción, en un canal, si tenés la mejor idea pero no tenés a las personas que interpretan el rol apropiadamente, todo lo material no sirve para nada. Estamos en un mundo, y ahí viene lo interesante, donde a mayor tecnología mayor necesidad de lo humano. Porque ningún robot va a tener cosas que tenemos los humanos, ningún robot tiene emociones, conciencia, sentido de la responsabilidad, pasión, compromiso, ética.

«Hay que pensar en una inclusión auténtica, no en una inclusión de la limosna. Tenemos que pensar en cómo agrandamos la torta y empezamos a incluir a todas las personas»

-¿Faltará mucho para que sí lo tengan?

-Es una buena pregunta. No te podría responder. ¡Me declaro incompetente! (Risas)

-Pasan todas las evoluciones técnicas imaginables pero estamos hablando de confianza. La cual ni siquiera es un bitcoin, es algo que no se compra, ni se exporta y es un intangible.

-Un intangible absoluto.

-¿Lo dice incluso como doctor en Ciencias Económicas?

-Tal cual. Ahora te digo, cada vez más los robots van a hacer tareas poco higiénicas, peligrosas, muy pesadas, que requieran mucha precisión, que sean repetitivas. Creo que hay un lugar donde lo humano ha puesto un valor que es realmente increíble. También, y esto no es menor, en algún momento -que no falta mucho- hay que hacer una especie de pacto entre todos los generadores de la tecnología para ver qué se hace con esa tecnología, cuál es la ética de esa tecnología, cuál es realmente la responsabilidad. Hay temas que son muy complicados como la privacidad, la seguridad. Te doy un ejemplo interesante, en los países nórdicos para los bancos es mucho más importante un ciber policía que un policía físico, porque las operaciones pasan por internet, la guita no está en las filiales de los bancos. Estas son las evoluciones que vamos a ir teniendo. Otro ejemplo simple: una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo hizo un proceso de inteligencia artificial, de todos los currículums eligieron a los tres mejores para entrevistar, Empezaron a elegir hombres, hombres y hombres, ¿qué pasaba? ¿Que en la tecnología trabajan todos hombres? No. Quienes habían diseñado los algoritmos de esa inteligencia artificial eran hombres, aplicando los sesgos masculinos. Como si vos y yo nos podemos a elegir, va a salir alguien de Avellaneda, de Independiente o de Racing, digamos (risas).

-Con tecnología por sí sola, no alcanza, incluso por más VAR que pongan…

-Esto es lo que sigue sucediendo y creo que va seguir por muchos años. El aspecto humano va a estar muy presente en todas las tecnologías. Ahora, a lo que sí hay que tener mucha atención es que te agarra un loco y te hace un desastre con la tecnología. Me parece relevante crear mecanismos de contención. Me contaban de una empresa, no recuerdo de qué país, donde por un sistema que tienen, una computadora -cuando estás laburando en tu casa- te va controlando todo el tiempo: cuántas horas estás escribiendo, cuándo te levantaste y más, es una invasión a la privacidad que excede cualquier lógica.

-Teléfonos que nos escuchan hablar de zapatillas, y al rato nos aparecen ofertas de zapatillas.

-Y esto que nos parece extraño, ya no lo es, por ejemplo en China cuando fue el Covid, controlaban persona por persona las 24 horas. Y así era el sistema, lo tenían controlado todo. Me parece que esos son los excesos. ¿Es fácil? No es fácil. Necesitás antes que nada una ética -que no es la moral barata- la ética es cuáles son los límites que no vas a cruzar nunca, la intimidad no se puede cruzar, la seguridad de las personas no se puede cruzar, atentar contra la vida, no se puede cruzar. Te voy a dar otro ejemplo interesante. Los autos autónomos, uno de los grandes temas. Hay dos cosas que están pasando, del auto tradicional al auto eléctrico ahí se reducen la cantidad de piezas que tienen, después vienen los autos autónomos que se manejan solos. Ahora, ¿quién toma la decisión si en un caso extremo ese camión o ese auto están por chocar con un auto con dos ancianos o a un ómnibus con chicos escolares? ¿A quién choca? Alguien tiene que decidir con anticipación qué decisión tomar. Esa es la ética que tienen que tener quienes diseñan estas inteligencias, algo que es jodidísimo, porque ¿qué hacés en cada caso?, podés justificar por un lado o por el otro.

-¿En este contexto, pospandemia y en grieta la «argentinidad al palo» es un fenómeno tóxico?

-Todo extremo es negativo y cualquier cosa al palo es mala, lo que sea. Estamos en un mundo globalizado y cuando ponés barreras para detener un proceso lo único que hacés es estimular cuestiones de costado, que la gente hace y generalmente te terminás quedando con lo peor y se va lo mejor. Lo que hay que hacer es entender hacia dónde vamos y ver cómo se capitaliza de la mejor manera posible. A ver, la Argentina está exportando conocimiento a otros lugares del mundo.

-Sin necesidad de viajar, inclusive.

-Exactamente. Muchos jóvenes dicen prefiero vender a Estados Unidos, me pagan 1.500, 2.000 dólares por mes, en bitcoin, en lo que sea. Ahora, ahí perdemos todos, pierde el país porque los jóvenes no pagan impuestos, pierde la industria argentina porque estamos regalando talento hacia afuera. En lugar de pensar en la abundancia, lo que se piensa es cómo saco. La argentinidad al palo es eso, cómo saco mi tajada y el provecho personal sin pensar en la figura completa.

-Resistir la tentanción a hacer millones de «Manos de Dios», las trampas permanentes, el culto a la picardía criolla.

-Justamente, nosotros tenemos que salir del concepto de «La Mano de Dios». Vamos a términos futbolísticos y recientes, lo que pasó en los partidos de River-Racing e Independiente-Boca, te muestra que hay un camino, que el jugador no transa en esas cosas, te das cuenta que ocurrió lo que no debería haber ocurrido o lo que muchos pensaban que no debería haber ocurrido. Hay un concepto que me encanta y lo generó Netflix, desde la idea “libertad con responsabilidad”. Netflix te dice: «Voy a poner los límites, de estas cosas no cruzás, ahora dentro de esto todo lo que quieras». Ese es el lugar a donde tenemos que ir, dentro de la ley, del mecanismo de hacer un impacto positivo. Hoy se está hablando de impacto positivo en personas, sociedad y en el medio ambiente, eso tenemos que pensar, cómo lo que hacemos impacta bien y no en cómo saco mi mejor provecho. No estoy diciendo seamos todos pobres, al contrario, equiparemos para arriba, veamos cómo podemos llegar. Hay un sindicato que hizo algo espectacular, una forma de certificación ética. Eso es una demostración para decir: ¿Sabés qué flaco? Yo trabajo de esta manera y por eso tengo la altura para decirte lo que te tengo que decir, y obviamente voy a defender al obrero, al empleado, claro que sí. Tiene que haber una defensa genuina y un proyecto donde los dos pensemos cómo crecemos, qué conviene que la torta salga y que todos puedan laburar más.

«El 98% de los alumnos de la Universidad de La Matanza son primera generación de estudiantes universitarios, te puedo asegurar que la limpieza, la educación, la corrección que hay, lo lindo que está el lugar, el respeto de esa gente, no lo vi en ningún lugar»

-En teoría asoma tentador.

-Hay un concepto muy importante para desarrollar: la empleabilidad. Muchos hablan del empleo, y empleo es tener laburo hoy, empleabilidad es la habilidad de tener empleo hoy, mañana, en 3 años, 5 años. Porque vos tenés empleo hoy y dentro de 2 años, tenés un puesto que se va a automatizar como el caso del peajista. En algún momento todos los peajes van a ser automatizados, en todo el mundo es así, no tiene sentido que haya una persona cobrándote el peaje. Ahora, puedo hacer dos cosas, te bloqueo y lo único que quiero es que se queden los peajistas, es un camino, obviamente lleva al retraso. O puedo hacer algo más inteligente: cómo reconvierto a todos estos trabajadores y trabajadoras para que hagan tareas de alto valor agregado, que trabajen en datos, tecnología, en servicios al cliente, en nuevos proyectos. Hay un montón de cosas que pueden hacer. Eso es lo que se llama el reciclaje profesional, que es algo donde empresas y sindicatos tienen que pensar en conjunto con el Estado, ese concepto de pirámide de oro. Empresas, Estado, sindicatos y la sociedad civil, todos pensando y proponiendo ideas. Para el trabajo hoy hay que hacer acuerdos que digan: Vamos todos para el mismo lado y hagamos todos el Estado. No creo que si ganan unos pierden otros, hay múltiples proyectos,

-¿Una mesa plana sin inclinación a favor de los poderosos de siempre, todos iguales y como dirían en los 70 «dejamos las armas en el ropero»? Se lo digo brutalmente.

-No hay autenticidad. No hay honestidad intelectual muchas veces. ¿Qué queremos? Nosotros queremos que la gente tenga laburo, que viva bien, que al país le vaya bien, que al empresario le vaya bien. ¿Qué hacemos para que eso ocurra? Bueno, pensemos no en los puestos de trabajo, pensemos en las personas, que cada persona tiene que tener el trabajo que la dignifica.

-¿Pensamos en los pobres, en los que están fuera del sistema?

-Obvio. Cómo los incluimos. Pensar que una sociedad es para unos pocos es de necios, para un lado y el otro.

-Usted habita entre grandes mandantes. ¿Muchas veces los tiene que frenar por esas variables que ni siquiera son tangibles, eso de pelear hasta aplastarte aún ya te tengan vencido?

-Es un buen concepto. Hay que pensar en una inclusión auténtica, no en una inclusión de la limosna. El concepto antiguo de yo soy el que tiene y te reparto es algo no va, porque la dádiva no va, es antigua. Tenemos que pensar en cómo agrandamos la torta y empezamos a incluir a todas las personas. La base de esto es educación, educación y educación, la manera de incluir es que las personas se capaciten, se formen. Un dato no menor, en la Argentina hay entre 15 y 20 mil puestos tecnológicos que no se pueden cubrir. Y hoy en día podés estudiar en 6 meses lo que se necesita. Metamos en eso, hagamos esfuerzos para que la gente se incluya en el sistema, que tengan oportunidades, no es que hay uno más inteligente y otro más burro, es uno que tiene más posibilidades y otro que tiene menos posibilidades. Enseño en la UBA hace años y siempre le digo a los chicos ustedes son un minúsculo grupo de elegidos pero que todos estudiamos gratis en la universidad. Yo soy un agradecido porque este país me dio algo de forma gratuita y durante muchos años, pude tener un doctorado que afuera me hubiera costado miles y miles de dólares, yo entré a la universidad sin pagar un mango.

-¿No lo sorprende que todavía no rompimos la UBA u otras universidades del Estado?

-Al revés, te diría que esta es una muestra de cómo algunas cuestiones públicas no sólo pueden ser buenas sino que pueden mostrar una tendencia. La UBA está calificada como una de las mejores universidades del mundo y hay miles de alumnos, porque no es elitista, no es selectiva. También es un ejemplo espectacular la Universidad de La Matanza. Una vez por año hago una intervención allí y es la muestra más cabal de hacia dónde tenemos que ir. El 98% de los alumnos de la Universidad de La Matanza son primera generación de estudiantes universitarios, te puedo asegurar que la limpieza, la educación, la corrección que hay, lo lindo que está el lugar, el respeto de esa gente, no lo vi en ningún lugar.

-¿Usted la tendría más fácil de la otra vereda, la de las baldosas netamente liberales?

-Muchas veces, cuando mis chicos eran chicos, aprendimos de unos amigos que decían que la única diferencia que hay entre el chico que está pidiendo, cuando vos vas en un auto, es una ventana, y vos podrías estar del otro lado, tranquilamente.

-Ponerse en el lugar del otro.

-La empatía total, es asumir: «No pienses porque estás arriba del auto, que vos sos mejor o peor, tuviste la suerte, podrías haber nacido en otro lado». La educación es el camino que hizo a este país ser grande. Yo hice escuela secundaria pública, universidad pública, doctorado público, he tenido maestros espectaculares, que lo siguen habiendo.

-Honor al general Manuel Belgrano, que esperemos no nos esté mirando. Esto excede la grieta

-Excede la grieta porque es el espacio donde hay libre pensamiento y es espectacular. Un alumno que estudia en la universidad pública está mucho mejor preparado para enfrentarse al mundo laboral que un alumno de una universidad privada. No por diseño, sino porque te toca vivir así, en invierno tenés frío, en verano tenés calor, no te sale la materia, el profesor vino, no vino, aprendés a resolver problemas, en definitiva a laburar para resolver problemas. Ahí te formas como ser humano, no es que se proponen hacer esto pero es una manera de integrarse. En el modelo de Suiza y de Alemania, en tercer año de la escuela secundaria dividen a los chicos, los que van a estudiar en la universidad y los que van a laburar, se llama sistema dual. Si vos hasta tercer año te pusieron el sello de los tipos que van a laburar, ahí te enseñan todo lo que es profesión y vas a hacer la carrera de trabajador de lo que sea, y los que van  la universidad, que son pocos, son los académicos. Es un modelo de establishment y mal no les va. No soy especialista en educación, sí lo que creo es que debe haber cráneos acá que digan qué podemos hacer para educar rápidamente a esta generación y romperla. Argentina tiene toda para romperla, estoy confiado, soy, me siento embajador argentino.

-Digamos para romperla y no sólo en el Mundial de Qatar.

-Ojalá sea un estímulo para muchos, me encanta el fútbol pero lo veo como algo anecdótico, puede ser motivante pero el talento argentino en el mundo es un talento requerido, muy valorado.

-¿En qué momento siendo doctor en Ciencias Económicas se abrazó a toda su actividad de estos días y hubo que domesticar al ego?

-Algo que es interesante, mi tesis doctoral es sobre un tema muy difícil que se llama Empresas Depredadoras. Lo que expliqué ahí fue el impacto que generan ciertos procesos generacionales en las personas, para demostrarlo rápidamente yo ingresé a trabajar con mucho pelo y salí después de 8 años sin pelo. No es casualidad. (Sonríe)

«Muchos hablan del empleo, y empleo es tener laburo hoy. Empleabilidad es la habilidad de tener empleo hoy, mañana, 3 años, 5 años. Porque vos tenés empleo hoy y dentro de 2 años, tenés un puesto que se va a automatizar»

-Como dijo Ringo Bonavena: “la experiencia es un peine que te dan cuando quedás pelado”.

-Sí. Y cuando estudié todo el fenómeno me di cuenta que hay un concepto “unintended consequences”, son consecuencias no buscadas ni deseadas. Yo no creo que las empresas quieran perjudicar a las personas pero se naturaliza que labures más de 8 horas por día, se naturaliza la exigencia, que te exigen, te exigen. Y hay indiferencia ante eso.

-La famosa ley del gallinero, la gallina que está arriba del palo y “perjudica” a la de abajo.

-Tal cual, acá lo que hay es naturalizar es que uno tiene que estar a disposición de, las 24 horas a hacer lo que sea. Ese fue mi primer libro, Empresas depredadoras y mi segundo libro es Empresas más humanas. En este tránsito lo que dije fue qué es lo que se puede hacer para dignificar a la persona y no va en contra de la empresa. Estuve en algunos foros sindicales ¿y sabés qué? Todos queremos lo mismo, todos queremos el bienestar de las personas, no rompamos. Una vez escuché a un tipo, Jaime Maristany, era un crack, uno de los directores de recursos humanos de Eveready. Él decía que recursos humanos existe para poner límite al empleador y al empleado cuando se exceden. Si los dos tuvieran un sano equilibrio no tendría razón de ser. Y tiene razón, porque es cómo vos no permitís que ninguna de las dos partes se excedan, y por eso existen los planes de bienestar, protección al empleado, maternidad. Para que la gente esté bien y brinde su mejor versión.

-¿La pandemia elevó la cotización y el rol de recursos humanos?

-Absolutamente. Y se dieron cuenta que hay dos áreas en la empresa que son críticas para los momentos críticos: tecnología y personas. Sin tecnología y personas hay empresas que murieron, que desaparecieron. El objetivo es que todos tengan su oportunidad, hay que pensar en cómo impulsamos a que las personas se conecten más con sus deseos y que muchas veces están en piloto automático. Ya sea por razones del tipo de laburo, de las condiciones familiares, económicas. El primer día que llegué a Bélgica, me dejan un tríptico a cuatro colores espectacular donde informaban que dentro de 35 días iban a parar una hora por un reclamo, mirá qué manera de planificarlo. Cuando me puse a indagar un poco más sobre los sindicatos en Europa, todas las personas están sindicalizadas, y comparten un concepto: ganemos todos, de los dos lados, no es cómo te perjudico y como me perjudicás, Tal vez soy utópico pero sueño con ese espacio.  Hay mucha voluntad de las dos partes pero no estás con la Mano de Dios, es laburo y laburo, concentración preparación y honestidad intelectual para generar confianza compartida.

-¿Se imaginó algun vez o se imagina como funcionario?

-Ni loco, me declaro incompetente. Hace poco me llamaron para un trabajo en una empresa pública, “queremos que vengas para que los gerentes aprendan a motivar, ellos tienen que motivar a gente que a lo mejor no labura pero saben que tienen el puesto asegurado”. La cuestión era que si afanan llegado el caso, se empieza a hacer un sumario. ¿Cómo vas a motivar a alguien que no tiene la más mínima regla? Zapatero a tu zapatos, no se nada de administración pública pero me encantaría que los que administran, tanto privados como públicos, lo hagan por un verdadero propósito de bienestar general.

-¿Un párrafo para su familia?

-Estoy casado hace 33 años, mi esposa es diseñadora gráfica y microfusionista, artista plástica del vidrio; tengo dos hijos, Natalí, que también es diseñadora gráfica y con una maestría de Innovación y Marcas en Barcelona, se casó hace  dos años -justo en la pandemia- y llegó mi primer nieto, Franco, que tiene tres meses. Mi hijo es economista, tiene 28 años, vive en España, la empresa que trabaja lo mandó a Madrid y vive feliz ahí y tenemos una perrita que se llama Sol, esa es mi familia en grupo reducido.

-¿Su cable a tierra?

-Todas las mañanas, de 7 a 8, voy al gimnasio y es el momento del día que no tengo celular, ahí está solamente mi profesor. Increíblemente allí es cuando más ideas genero. Termino el gimnasio, voy al vestuario, y vuelco en el celular todas las ideas. Te digo, es más, mi último libro se generó una mañana de noviembre en el gimnasio.

-¿Llegó a soñar con el trabajo?

-Parte de mi estudio de tesis, en las dos empresas lo realicé, y dicho por médicos de las compañías, era que más del 50 por ciento de los empleados tomaban medicamentos para dormir. Si trabajar implica que tenés que tomar algo para dormir estamos jodidos.

-Es el final de la charla, acordamos en que “se juega como se vive”.

-Por supuesto, totalmente.