Cordero, en el Congreso: «En noviembre de 2023 el promedio del salario en Argentina era de 500 dólares. Hoy es de 1500 dólares»

El secretario de Trabajo Julio Cordero sostuvo ante Diputados que el salario promedio pasó de 500 a 1.500 dólares desde noviembre de 2023. La metodología que utiliza el Gobierno para medir los ingresos en dólares, sin embargo, oculta la pérdida de poder adquisitivo real, que en el caso del salario mínimo acumula un 40,8% y lo ubica entre los más bajos de la región.

En su exposición ante la comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados, el secretario de Trabajo, Julio Cordero, afirmó que «en noviembre de 2023 el promedio del salario en Argentina era de 500 dólares» y que «hoy es de 1500 dólares», presentando esa evolución como una consecuencia directa de la libertad cambiaria impulsada por el gobierno de Javier Milei. La frase no es nueva: en marzo de 2026, el propio presidente Milei había dicho en la apertura de sesiones ordinarias que su gestión había «triplicado el salario en dólares». Chequeado analizó esa afirmación y explicó que, si bien, en aquel momento, los salarios en dólares habían tenido un aumento cercano al 141%, los especialistas no recomiendan comparar ingresos en base al dólar porque esa métrica no brinda información sobre el deterioro que la inflación produce en los salarios. El propio chequeo señaló que, si se mide el salario en dólares contra la canasta básica, el incremento en la capacidad de compra fue del 17%, muy inferior al 141% que exhibe el dólar «de bolsillo».

La afirmación de Cordero deja de lado también que el salario mínimo, vital y móvil, la referencia básica del mercado laboral, acumula una caída del 40,8% de poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y septiembre de 2026, según estimaciones privadas. Medido en dólares, el SMVM se ubica en torno a los 253 dólares mensuales al tipo de cambio oficial, uno de los valores más bajos de la región, por debajo de Bolivia (273), Brasil (313) y Chile (575), según el CEPA. La evolución del salario real, además, está lejos de la recuperación que sugiere la comparación en moneda dura: el ingreso disponible de los trabajadores formales, lo que queda después de pagar vivienda, servicios, salud y transporte, cayó un 31,2% desde noviembre de 2023, según un informe de Econviews. Es decir, el poder de compra efectivo de los asalariados está muy por debajo de lo que sugiere la cotización del dólar.

Por otra parte, el contexto laboral que enfrenta la gestión de Milei tampoco respalda el optimismo oficial. La desocupación alcanzó el 7,9% en el segundo trimestre de 2026, el nivel más alto de la gestión libertaria, con 83.000 desocupados más que un año antes. La informalidad laboral trepó a un escandaloso 45%, sumando 400.000 nuevos empleos informales en un año. Y la pobreza, según los datos del INDEC para el primer semestre de 2026, alcanzó al 32,3% de la población, lo que equivale a 15 millones de personas, con un incremento de 4,1 puntos respecto del semestre anterior.

Cordero también sostuvo que «la gente votó la dolarización» y que hoy «puede convertir sus pesos en dólares de manera absolutamente libre». Sin embargo, la dolarización nunca se implementó y la libre conversión de pesos a dólares existía en la Argentina desde hace décadas, aunque con restricciones cambiarias durante distintos períodos. Lo que sí se profundizó fue la dolarización de precios y tarifas: la electricidad y el gas acumularon un aumento del 853% desde noviembre de 2023, y las naftas un 631%, mientras la inflación general acumuló un 336% en el mismo período, según el informe de CEPA. Esa asimetría explica por qué, incluso con salarios nominalmente más altos en dólares, los hogares sienten que el dinero no alcanza: la parte rígida del presupuesto, luz, gas, agua, transporte, conectividad, se llevó la mayor parte de cualquier mejora nominal.

La afirmación de Cordero, en definitiva, pretende mostrar el salario en dólares como prueba de éxito económico mientras se omiten los datos que muestran el deterioro real, con un desempleo récord, una informalidad del 45% y 15 millones de pobres, la brecha entre la narrativa oficial de la vida de los trabajadores y la realidad de sus bolsillos no hizo más que agrandarse.