Las panaderías registran una caída histórica en las ventas del 60%: «Nos estamos acercando a la orilla de 2001»

El kilo de pan ya supera los $5.000 en la Ciudad de Buenos Aires y las ventas se desploman: en el último año y medio, la comercialización de pan cayó un 60% y la de facturas un 85%, según la Unión de Personal de Panaderías y Afines. El dirigente Daniel Rodríguez advirtió que los consumidores compran apenas lo indispensable, mientras los salarios del sector no alcanzan y muchos trabajadores deben complementar sus ingresos con aplicaciones de reparto. «Nos estamos acercando a la orilla de 2001», alertó.

La crisis económica golpea de lleno al sector panadero de la Ciudad de Buenos Aires, donde la venta de pan cayó un 60% en el último año y medio, mientras que la de facturas se desplomó un 85%. El dato fue aportado por Daniel Rodríguez, representante de la Unión de Personal de Panaderías y Afines, en una entrevista con Infobae en Vivo , donde describió un cambio profundo en los hábitos de consumo: «Antes se vendía un kilo de pan, dos docenas de facturas. Hoy se vende por unidades o $2.000 de pan. Se llevan dos flautitas, o lo justo», señaló.

El kilo de pan en la Capital ronda actualmente los $5.000, un precio que, según el dirigente, empuja al consumidor a llevarse lo mínimo indispensable. El panorama es aún más crítico para las panaderías artesanales, que enfrentan la competencia del pan industrializado de supermercados, más económico aunque de menor calidad. «Muchas panaderías de barrio se pierden, empiezan a cerrar», advirtió Rodríguez, al señalar que el modelo tradicional, que requiere más de 400 metros cuadrados entre horno, salón de venta y depósito de harina, se vuelve inviable ante el alto costo de los alquileres, los servicios y la materia prima.

Los salarios del sector tampoco escapan a la crisis. Un trabajador aprendiz cobra alrededor de $1.000.000 mensuales, un ayudante llega a $1.200.000 por una jornada de siete horas con un franco semanal, y un oficial percibe cerca de $1.400.000. Rodríguez advirtió que, ante la dificultad de reemplazar trabajadores, muchos optan por otras salidas: «En muchos casos cuando salen del trabajo se van a hacer Uber o Rappi. Si no tienen una pareja para sostener la familia o más de un ingreso, la estamos pasando mal».

Para sobrevivir, muchos comerciantes optaron por bajar la calidad de los productos, reemplazando la manteca por margarina, los huevos frescos por sustitutos en polvo o líquidos, y la levadura en paquetes por el formato en polvo. «El 70% de las facturas se hacen con margarina, no con manteca. Esto no es de hoy, es de hace más de 20 años», aclaró el dirigente, aunque señaló que quien trabaja con manteca cobra en consecuencia porque «es cara y es otra calidad».

La lectura del dirigente sobre el panorama general fue sombría: «Nos estamos acercando a la orilla de 2001. Estoy viendo que se está precarizando cada vez más el empleo». Rodríguez también mencionó factores culturales que incidieron en el consumo, como la difusión de discursos críticos sobre el trigo y la harina, aunque relativizó su peso en la crisis actual: «La cultura argentina siempre incluye el pan en la mesa. Hay un sector que ha dejado de consumir, pero eso no es el fuerte de la crisis que hoy estamos sintiendo en el sector», concluyó.