sábado, septiembre 25

Tute “cabrero” para todxs

Por Alejandro el “Gitano” Ulloa @GitanoUlloa

El tute “cabrero” es un juego de barajas cuyo objeto es sumar la mayor ‑o bien la menor‑ cantidad de puntos (se puede elegir entre “ir a más” o “ir a menos” en el conteo de los naipes recogidos por cada jugador). Como en la filosofía barata y en la vida, pierde quien queda segundo, el que aspiró y no llegó, el que se dejó llevar por sus ambiciones sin ver el contexto.

Hay algunos nuevos “malos conocidos” entre los aliados y un intento por renovar el marketing electoral de la alianza Juntos, donde se reúnen el PRO, la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica, el Partido del Diálogo y Confianza Pública. Antes fue “Cambiemos” y había mutado a “Juntos por el Cambio”. Pero siempre es la misma entente electoral neoliberal. Macrismo explícito, ahora sin el incendio de la figura del casi prófugo ex presidente.

La baraja del Frente de Todos contiene centroderechistas nostálgicos del pasado, gente entusiasmada con el presente, y algunos esperanzados por el futuro tras la pandemia y el despegue. Del idealismo al pragmatismo, los desafíos de los liderazgos modernos están muy asociados a la construcción de consensos y acuerdos, siempre en escenarios de creciente complejidad, dinamismo e incertidumbre.

El PBI argentino no crece desde el 2011. En el último mandato de CFK el poder económico, judicial y mediático enfrentó en forma durísima los planes gubernamentales. Siguieron la transferencia brutal de recursos económicos y poder político hacia esos sectores y el resultado fue una crisis con caída del PBI, endeudamiento y más pobreza. “Si esto sigue el país se muere sumergido en la deuda externa”, parecen evaluar los kirchneristas.

La grieta se traga a los contendientes que no llegan a la cima una y otra vez. Las victorias de la izquierda de Arce en Bolivia, la constituyente chilena y Castillo en Perú alientan la propuesta albertista de configurar un liderazgo continental moderado en tándem con el presidente mexicano López Obrador, buscando retomar la presidencia de la CELAC.

Sale o sale: es consenso o capitulación

Desde el kirchnerismo parece reconocerse que los consensos no implican la negación de los conflictos. La idea es que “no hay más remedio”. Parece ser que hay que “ir a menos” en esta circunstancia. Ninguna de las partes está en condiciones de imponerse sobre la otra y hay una disposición a ceder para obtener una mejora objetiva que evite la prolongación del conflicto. La otra opción es dar batalla y salir segundo.

En el tute, la suerte puede ayudar a la astucia timbera si se tienen en la mano caballo y rey de triunfos; se pueden sumar “las cuarenta” al conteo de la mano. Para eso hay que ganar con claridad las elecciones de medio término y tener mayoría propia en el Congreso. Muy difícil, pero no imposible. No hagan olas ­dicen los que creen saber­: hay que arrastrar los votos de la “ancha avenida del medio”. La jugada magistral es cuando un jugador levanta todas las cartas y los demás, ninguna. Eso puede pasar si hay errores no forzados en la vereda de enfrente. Aquel que logra llevarse las 40 cartas “hace capote” y todos los otros pierden. El poroteo del juego es a tres tantos: el que pierde la partida paga “la vuelta” de la mesa.

Según Néstor Scibona, columnista de La Nación, diario insospechado de simpatías con el movimiento obrero, “Otro problema grave son los costos de contratación laboral, más allá de la prohibición de despidos y la doble indemnización. A tal punto que, para disimularlos, los últimos aumentos salariales en paritarias (Comercio, Uocra, Sanidad) impulsados por el propio Gobierno para subir el piso entre 42 y 49% tienen un carácter inicial no remunerativo, o sea, sin aportes. Aun así, las empresas descuentan que al año siguiente se incorporan a los sueldos de convenio con todas las cargas previsionales y sociales.

Mientras tanto, el gobierno del Frente de Todos se ocupa de otras medidas con rédito electoral, como la aprobación de los estatutos de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), que nuclea a más de 6 millones de personas (aunque sin otorgarle personería gremial). O el plan “Te sumo”, para que 50.000 jóvenes de 18 a 24 años puedan capacitarse en oficios durante 4 horas diarias en micropymes, con una asignación estatal de 11.000 a 18.000 pesos mensuales por un año. Paralelamente, Cristina Kirchner sigue de cerca la sucesión de dirigentes sindicales históricos que ya anunciaron su retiro como Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento) o están por anunciarlo como Armando Cavalieri (Mercantiles), con el evidente propósito de colocar a sindicalistas afines.” Hipótesis incomprobables de políticas sin verificación técnica alguna.

En la galería de monstruos que viven en la sociedad (y de ella), hay dos tipos de personajes siniestros: muchos de quienes usaron fondos de los ATP para comprar dólares en la corrida cambiaria realizada para desestabilizar al gobierno en plena pandemia van de candidatos en estas elecciones. Aquellos fondos de emisión monetaria utilizados para pagar el IFE se cortaron para no generar inflación. Pero la joda sigue con la remarcación de precios abusiva. Un poderoso conjunto de sindicatos que tienen cautiva la CGT, se quejan pero a la hora de la verdad juegan a un “empate técnico” de precios y salarios después de perder como en la guerra en la tierra arrasada de cuatro años de macrismo. Rompen el mazo de naipes para que nadie juegue.

Las elecciones tienen cara de mujer

En el juego del tute cabrero, en cada mano queda determinado un palo que se denomina “de triunfo”, al cual los jugadores tienen la obligación de seguir con una carta mayor o bien cualquier otra carta de ese mismo palo. Si no tiene “triunfos” puede tirar la carta que quiera. Si no cumple estas obligaciones pierde esa partida, pero solo si el “fallo” es descubierto. En sintonía con el liderazgo centrista que se propone a nivel continental, el gobierno argentino brinda las mayores muestras de pragmatismo aglutinante. Hay “fallos”, pero el relato dice que peor era el macrismo. Todo parece dado para afrontar los riesgos de un nuevo orden continental alejado del derechista Grupo de Lima.

La multitudinaria Marcha Federal del día de San Cayetano dejó una muestra del carácter “cabrero” de la violencia machista y xenófoba que se viene en el debate cotidiano. Fue en los ataques a Dina Sánchez (UTEP-FPDS) quien afirmó desde la tribuna que “a este gobierno no le servimos”. La señalaron por ser peruana y la acusaron, entre otras falacias, de “organizar marchas y cortes en nuestro país”. Sánchez señaló entre aclamaciones que “Es indispensable que construyamos un paro general ya. Los dirigentes se tienen que poner al frente de la lucha de los pueblos. Si no, que se hagan a un costado, van a quedar como cómplices”. El horno no está para bollos entre la población pobre asistente a la marcha, que sintonizó enfáticamente con ese discurso.

En el lanzamiento de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, Dina Sánchez había convocado a sus compañeras a trabajar para hacer un sindicato feminista. La foto casi sin mujeres de la mesa en Casa Rosada, cuando participara de la primera reunión por el pacto social tuvo amplia circulación porque Vilma Ibarra la difundió con un tuit crítico hacia su propio gobierno. Sánchez reinvindica su rol: “Sin meter un codazo, sin pelear por nuestro lugar, va a ser muy difícil”, señala.

Así como las mujeres que trabajaban en la industria bélica durante la Segunda Guerra reclamaron y obtuvieron el sufragio femenino, es hora de iniciar el reconocimiento a quienes trabajaron duro e hicieron el aguante por la pandemia, para que puedan intervenir en la toma de decisiones que afecten al bienestar general. Es imprescindible discutir la necesidad de llevar más y mejor democracia a las empresas, a los comités de salud y seguridad laboral, crear espacios de participación para el debate de intereses comunes. Son las mujeres el motor de la justicia del reclamo y la consagración de esos derechos.

Si el afán de ganancia se opone a los derechos elementales, hay injusticia. El asistencialismo recortado, pero elevado a la máxima potencia histórica, deja las bases para consagrar el ingreso universal mínimo o ingreso ciudadano. Es mucha plata dentro del presupuesto, pero no mueve el amperímetro de la economía. Tierra, Techo y Trabajo. Salario Mínimo Universal se agregó en la emergencia al listado de consignas.

El FMI decidió inyectar un paquete especial de Derechos Especiales de Giro por 650.000 millones de dólares, cifra récord. El 23 de agosto se repartirán proporcionalmente de acuerdo a las cuotas pagadas por cada país. La plata se irá rauda por la canaleta de la deuda exigible tomada por Mauricio Macri, un crédito de 45.000 millones verdes. A fines de año la carta del Senado alentada por Cristina Fernández de Kirchner afirmaba que no se iba a realizar ningún pago antes de resolver las necesidades del pueblo. Bueno, pasaron cosas y las posturas se hicieron flexibles.

Quieren hacer “capote”

Vamos a elecciones con liderazgos cuyo éxito principal está centrado en el carisma del líder o su entorno cercano. Todo vale si genera votos, aunque se pierda músculo ideológico. Las “mesas chicas” formadas a dedo deciden sobre todo y su éxito se mide por los resultados electorales y no por los objetivos conseguidos. Para asegurar el voto indeciso y cambiante, los partidos buscan el apoyo de la mayor variedad posible de grupos de interés, por más contradictorios que parezcan.

Apoyados en la batalla cultural triunfante de los poderosos, los grandes propietarios de los medios de producción van por todo… lo que puedan manotear. “Los sindicatos no sirven, los sindicalistas son todos chorros”, instalan en los medios. Daniel Funes de Rioja, el amanuense de Paolo Rocca (Techint- AEA) colocado en la Unión Industrial expresa cada vez que puede que los sindicatos frenan la generación de empleos, que se oponen al teletrabajo, disputa en abstracto por el concepto de empleo “decente” y argumenta a favor de la flexibilización. Lo último es quejarse de la antigüedad de los convenios para desconocer su vigencia.

Funes agita la “mochila austríaca”, una jugarreta que pretende confundir gordura con hinchazón: una herramienta para dar “mayor certidumbre y redistribuir ‑sin reducir dicen‑ los costos de las indemnizaciones y modernizar los convenios colectivos”. La única verdad es que pretenden liquidar la indemnización por despido. Ya lo hicieron de sotamanga en el petróleo y la industria automotriz, como desde otrora lo padece la construcción Ya lo hace Paolo Rocca en Techint pese a la oposición de sus asalariados. Y Luis Pagani, de la gigante alimentaria Arcor, quien para pagar a derecho necesita un fallo de la Corte Suprema. El Grupo Clarín de Héctor Magnetto, junto al diario La Nación de las “famiglias” Saguier, Mitre y ¿Macri?, suman sus medios afines a la difusión artera de la justificación de ilegalidades patronales.

Somos apenas dueños de nuestras convicciones morales. Armados de conceptos ideológicos prendidos con alfileres, bancamos las patriadas que aparecen como el mal menor. Escuchar a los gobernantes o a los dueños del poder cómo defienden con uñas y dientes sus convicciones debería servirnos de ejemplo. La falta una CGT fuerte y unida, con democracia sindical y representación directa de las bases impide enfrentar al “círculo rojo de poder” donde la yunta de empresarios y políticos ofrecen un frente cada vez más grande y más fuerte.

Nuevas batallas se avecinan por la defensa de las conquistas laborales de los convenios colectivos y derechos constitucionales. Lo del voto tiene carácter episódico, lo permanente es la pelea cuerpo a cuerpo en una sociedad que tensa la relación de fuerzas sin miramientos.

La riqueza del país está en pocas manos –son unas 13.000 personas– y tienen el dinero en el exterior o en los bancos, no siempre en blanco y casi siempre escondida tras empresas que triangulan propiedades hasta hacer imposible su detección fiscal. Las necesidades de la población más pobre hacen que un criterio mínimo de equidad exija un régimen tributario donde esos ricos muy ricos pongan una parte de sus fortunas para dar curso a la batalla contra el hambre, vieja compañera de ruta en la vida de millones de argentinos.

Los elementos activos de la sociedad deberían hacer lo imposible por llegar a la pospandemia con una relación de fuerzas favorable para con los diversos factores de poder, con las bases sindicales entendiendo la pelea que se abre por la “frazada corta” de la economía, la escasez de recursos de una economía en crisis. No debería haber medias tintas ni políticas ni discursivas. Sin miedo a confrontar con ellos en todos los terrenos. Empresarios, políticos y sindicalistas “dialoguistas” ofrecen un frente cada vez más grande y más fuerte. De múltiples hipótesis deductivas está hecho el conocimiento: el fenómeno a estudiar se observa, se coteja con la experiencia y recién ahí tiene su verificación. Habrá que ver si la sociedad habla (vota) de “ir a más” o “ir a menos” con estas ideas.

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