miércoles, junio 29

Silvia Saravia: «Nosotros tenemos en claro que quienes crearon los planes sociales son los mismos que destruyeron nuestro sistema productivo»

(Por Luis Autalán @luisautalan / Fotografía Rene Asan @rene.asan) En días de acampe y movilización una de las líderes de los movimientos sociales brinda un diagnóstico crítico hacia el Gobierno y con la mirada atenta del operativo seducción de la derecha. Fuerte mirada hacia la política que decepcionó y decepciona, incluso para otras organizaciones de trabajadores y trabajadoras desocupados cercanos al oficialismo. Una de las premisas que sustentó Silvia Saravia coordinadora de Libres del Sur, es que su organización no concibe la pertenencia a esas cúpulas como trampolín político. Y a la hora de una prioridad reiterada enfocó a la hambruna de los pobres como inadmisible.

Las autopistas del «Diálogo, Consenso y Coso» no son un nuevo camino concesionado hacia la «Tierra del Nunca Jamás» para los humildes. Ya en los 90 sus mentores y club de admiradores ofrecían como alternativa «civilizada» al sindicalismo argentino los «paros a la japonesa». Mito o realidad los compañeros y compañeras nipones, en ocasión de una medida de fuerza, optaban por sublimar la cortesía, entregando flores a los pasajeros de un transporte u otros gestos honorables para demostrar su descontento respecto a determinadas situaciones de salario o condiciones de labor. Nuestra entrevistada de la fecha no cuenta con antepasados o familiares japoneses pero damos fe que incluso en los estudios de televisión donde los dirigentes de movimientos sociales suelen confrontar contra halcones y tigres neoliberales, Silvia Saravia, la coordinadora nacional de Barrios de Pie, Libres del Sur, suele apelar a la cortesía y la sonrisa que la destacan desde siempre por más estrepitoso que sean esos cruces.

La charla se extiende durante una protesta de su organización en pleno microcentro porteño. En arenas de la subjetividad su pasión el Racing Club de Avellaneda ofrece simetría explícita con quien escribe y vale la pena detenerse, al compartir o no sus reflexiones, en el ejercicio del pensamiento crítico. También otros trazos confluyen, por ejemplo el cariño a Lucrecia Bullrich una prestigiosa y admirable periodista que nos distinguió con su consideración. Aquella inolvidable mujer del diario La Nación escribía sobre Saravia en septiembre de 2019. «Silvia Saravia tiene 48 años y dos hijos. Su cara se hizo conocida hace poco, cuando la profundización de la crisis económica y social de los últimos meses la puso al frente de parte de las protestas contra el gobierno de Mauricio Macri. Desde hace un año, Saravia lidera Barrios de Pie-Libres del Sur, una de las dos facciones que resultó de Barrios de Pie después de que la organización se dividiera por ‘diferencias políticas’. Traducido: por su posicionamiento de cara a la elección presidencial».

Y la presencia emotiva de Lucrecia nos permite rendirle homenaje con la introducción a esta charla con InfoGremiales, pasaron 3 años de aquella nota…

«Nuestros compañeros, compañeras, muchos jóvenes, los que a veces no tienen para ellos mismos se organizan para darle de comer a la gente en situación de calle. Y vos decís ¿No tenés para morfar y estás ayudando a otros? Bueno, esos son milagros…»

Silvia Saravia

-¿Le tocó optar entre ser cabeza de ratona y no cola de leona en algún momento de su trayectoria, es apropiado el enfoque?

-No es apropiado desde el punto de vista de que nosotros como organización tenemos algunas formas que quizás no son las habituales o las tradicionales. Se trata de una organización colectiva que aspira a que ninguno de sus integrantes esté acá sentado para hacer carrera política sino al revés. De hecho a cada uno de los que nos toca ser figura o cara pública no es que es algo que hemos buscado sino que es algo que nos tocó hacer y de alguna manera buscamos no perder nunca esa concepción.

-La política es poder, los movimientos sociales ostentan poder y se me ocurre que personas como usted la hubieran tenido más fácil de la otra vereda, la de las baldosas liberales…

-Por eso también conocemos de cerca todos los mecanismos que tiene el poder para plantearle a las personas que están en ese lugar por su trayectoria, por su cuestión más personal, sacrificio, pero creemos que en realidad esos son mecanismos para desarmar las organizaciones. Nosotros hemos tenido una ruptura dentro de Barrios de Pie por este concepto, que quizás el llegar al poder puede hacerse por otros mecanismos, cortando, haciendo algunos atajos y creemos que eso desvirtúa la posibilidad de transformar realmente este país en el que vivimos. Para cambiar de fondo y estructuralmente al país creemos que tenemos que tener muchas convicciones y no estar pensando en la situación personal sino en para qué estamos haciendo esto que hacemos. Nosotros, por lo menos en la organización, queremos que la situación de las mayorías sea distinta.

-¿Utopías?

-En algún momento nosotros hacemos el paralelo de qué se les cruzó por la cabeza a San Martín, a Belgrano, a Moreno. Creemos que existieron por el momento histórico, tenían otra cabeza de proyección a mediano, largo plazo, en una cuestión coyuntural, y lamentablemente la dirigencia política hoy, que ha fracasado en cada una  de las cosas que nos prometieron, después mantuvieron el statu quo y no hicieron las grandes transformaciones que hacen falta. Están pensando más en sostenerse en el poder, en mejorar muchas condiciones personales y no en pensar para qué tener el poder. Eso lo vemos en un montón de organizaciones que hoy son oficialistas y cómo le explican a sus bases, a sus compañeros y compañeras que ellos representan, la situación social y económica que se está viviendo. ¿Cómo se lo explicás? Sos parte de un Gobierno que fue empobreciendo a la población, que teniendo el poder no va por las cuestiones estructurales. Y entonces cómo explicás, para qué estamos allí sentados. Me imagino que para ellos no debe ser sencillo hacerlo pero tiene una lógica, porque el poder tiene esto de buscar endulzar quizás a las dirigencias para que sea una cuestión más coyuntural que una cuestión estructural de mediano y largo plazo que realmente transforme las cosas. Vemos que es mucha la dirigencia que representa y habla a los sectores populares que hoy no serían ni comparables con San Martín, Belgrano y otros que murieron en la pobreza, que se jugaron todo sin pensar en su situación personal, sino pensando en un proyecto. Bueno esto el sistema lo hace, lo juega, para que esa dirigencia termine entregando muchas veces esos principios por los cuales comenzó su militancia.

Silvia Saravia - InfoGremiales

-¿Qué formación profesional tiene?

-Soy docente, profesora de Educación Física y después seguí estudiando, hice una diplomatura en Metodología de Investigación Social, y doy clases en escuelas secundarias todavía, soy titular de algunas horas y esa es mi pasión.

-¿Y su familia, es el sostén de su hiperactividad?

-Tengo un compañero de vida ya hace más de 27 años, que hoy cumpleaños, un hijo y una hija ya adultos, de 23 y 26 años que trabajan, que la verdad son mi orgullo también, tengo mis padres por suerte todavía, mis sobrinos, mi hermano, mi hermana, soy madrina.

-Una vez el hijo de un dirigente político dibujó a su padre con un celular como parte de su cuerpo. ¿Esa familia comprende y acompaña el estar corriendo detrás de utopías?

-Esa familia me conoce así, por supuesto que los hijos pasan por distintas etapas, mi hija tiene 26, mi hijo 23, no es lo mismo cuando tienen meses, 1 o 2 años a cuando después tienen 17 y te cuestionan, y te dicen mamá la profesora de mi escuela tiene un auto y vos que andás corriendo atrás de todo esto no lo tenés y por qué ellos están bien y vos no.

«El salario universal sirve si es que está dentro de un plan de desarrollo, de creación de puestos de trabajo genuino, sino va a ser ese salario universal que pretende el FMI»

-¿No tiene auto?

-No. Recién ahora le compré uno a mi hijo. El primer auto de la familia. Mis hijos fueron a una escuela técnica, y de allí mi hija salió con trabajo, a partir de la pasantía que hizo en la escuela técnica del Estado, provincia de Buenos Aires, de San Martín, que siempre tuvo la preocupación de vincular la escuela con las pequeñas y medianas empresas del distrito. Así que cuando egresó la empresa donde había hecho la pasantía le ofreció el trabajo en blanco, registrado. Y mi hijo empezó en una empresa que le ofreció trabajo en negro, una labor de riesgo y dijo que no. Era una tornería y es un trabajo riesgoso, y después otra empresa que ya había tomado otros chicos de esa escuela, lo tomó. El fue el primero que pudo comprarse el auto de la familia y ahora nos lo pasó a nosotros.

-¿A qué se dedica el geminiano, su compañero?

-Es también un militante, lo conocí en la organización, estudia Economía en la Universidad de San Martín, hace trabajo administrativo. Ha estudiado ingeniería, arquitectura, tiene muchas inquietudes y hoy su trabajo es más técnico administrativo y está estudiando.

-¿Y políticamente donde se identifican los Saravia?

-Mi compañero de vida es parte de nuestra organización y mis hijos no tienen, bueno ahora estamos en campaña de afiliación, mi hija se afilió, mi hijo dijo “no, yo no me voy a afiliar”, pero sí colaboran y acompañan. Y ha habido distintos momentos en sus vidas, la etapa de cuestionamientos, la etapa de demandas y las de apoyo, todas etapas que son de tránsito en la vida y del crecimiento que una como mamá también los acompaña a ellos para que puedan comprender, muchas veces también los cuestionamientos son de reafirmación de por qué una hace lo que hace.

Silvia Saravia - InfoGremiales

-¿A Cristina Fernández se la maltrata en primer lugar por su condición de mujer?

-Hay sectores que sí la maltratan por su condición de mujer pero las mayoría creo que no. La condición de mujer te da garantías para ser feminista o de tener políticas que beneficien al conjunto de las mujeres, por supuesto hay mucho retrógrado o retrógrada dando vuelta en el sentido de que quizás cuando una mujer tiene determinadas actitudes o aptitudes, la crítica mucho más si las ejerce sólo por ser mujer. Cristina también tiene ganadas críticas por un lado por su enriquecimiento, es parte de algo que es evidente, que para una dirigente que se precie de ser del campo popular es bastante inexplicable. Y por otro lado porque muchas veces no ha tenido actitudes de cuidado, de armados más amplios que sí los ha tenido Néstor y en política aparecen las críticas más fuertes, pero insisto no por parte de estos sectores que la apuntan por ser una mujer en el poder con mucha inteligencia.

-¿El día que en la Argentina se imponga el impuesto al ego pagamos la deuda externa? Un funcionario nos dijo que pasamos de ser una nación endeudada a ser prestadores…

-El sistema, insisto, apunta a eso. De hecho hay una constante, no es creencia sino que se abonan los personalismos, son grandes líderes que van a lograr… Y siempre digo que los grandes líderes no son nadie si no hay un conjunto de personas que pueda llevar adelante esos procesos de cambio. Y es una cuestión cultural muy fuerte que se abona en esto mismo, existió San Martín y nadie más. No, vamos a ver cómo fueron todos esos procesos porque un líder solo no resuelve las cosas. Eso hace que también mucho dirigente político crea que es suficiente con tener una buena imagen o con mostrarse poderoso y eso es algo que también a Cristina, volviendo al tema, la condiciona. Es parte de una cultura que apuesta a eso, si hubiera una cultura que apostara a lo colectivo, que es desde nuestro punto de vista lo que tiene mayor fortaleza, las cosas serían distintas. Es más fácil comprar a uno que convencer a millones.

-En una nota de Lucrecia Bullrich, la querida y recordada colega, le respondía usted a Miguel Angel Pichetto, palabras más palabras menos, que no se podía despreciar a los pobres. Fue en 2019. ¿En 2022, pasamos del desprecio al odio a los pobres?

-A nosotros nos parece que hay un sector importante que intenta instalar esta cuestión del odio a los pobres, y a que los pobres nos organicemos, porque como están implementando un modelo económico que es tan excluyente que incluso sumerge en la pobreza a quien tiene un trabajo aún registrado. Y no pueden justificar por qué a los jubilados los tienen en el nivel de ingreso que los tienen, la única manera, desde nuestro punto de vista, de no aceptar ese fracaso y no asumirlo, es echarle la culpa a alguien. Trabajan esta cuestión del odio sobre todo a los pobres en general y a los pobres que nos organizamos, y es algo que intentan instalar a pesar de lo que suceda en la realidad. Mirá, nosotros creemos que en la realidad cotidiana por ejemplo cuando hicimos el acampe de 48 horas en la 9 de Julio, pasaban los colectivos por Lima y por Bernardo de Irigoyen, pasaban autos, gente caminando y no tuvimos agresiones, graves ninguna. Hicimos la marcha federal y tampoco hubo agresiones. Soy una de las que hace 20 años en nuestro grupo que fundamos Barrios de Pie, hubo momentos en los que vos salías y si la situación estaba mejor la gente te maltrataba. Ahora no estamos viendo eso. ¿Y por qué pasa? Si desde los medios lo están pinchando, si una parte de la dirigencia política también, «el grupo antipiquetero», una cosa así de generar odio. Después estás en la calle y percibís que la gente no te agrede. ¿Qué pasa? Y pasa que la gente está mal y que en realidad esa brecha que están intentando instalar, no se da con el laburante. Vinimos a la Secretaría de Comercio y al mismo tiempo estamos yendo a distintas empresas que son las dueñas de los alimentos en la Argentina. Hay laburantes de esas empresas que nos mandaron una carta solidarizándose con nosotros, nos pasó con Arcor en Córdoba.

«Es evidente que no terminar de ser la voz de quien representás te lleva a un costo y es que el sindicalismo argentino hoy no está a la altura de reflejar la situación de sus propios representados, en todo nivel»

-Laburantes, sindicalizados y registrados versus trabajadores no registrados. Lo remarco porque también se intenta generar esa brecha.

-Eso es lo que percibimos, por supuesto puede ser que tanto se instala, tanto, que aparezca algún loco o loca haciendo alguna agresión, pero en general la percepción nuestra es que como la situación está tan crítica, no solo para los más pobres sino para los laburantes también, esa grieta que están intentando instalar no está. Cuando eso está se percibe, salís y te putean en siete colores, salen del colectivo y te mandan «andá a laburar». No está pasando eso. Me llama la atención, no lo esperaba, porque hacer un acampe de 48 horas es una medida muy dura. Estuve en la madrugada, fue del miércoles al jueves, a las 2 de la mañana estaba yendo y viniendo preocupada por esa situación, porque convengamos que la 9 de Julio queda desierta a esa hora y dije acá se va a venir una provocación y con todos los compañeros diciendo estemos alerta, nadie se pudo relajar y no pasó nada. Y nos es que ponemos cordones para que la gente no pase, la gente pasaba, iba a laburar, los colectivos, los autos pasaban por los costados, varios tocaron boina y mucha gente nos alentó «sigan peleando». No te digo que no haya gente enojada, sí la hay, pero ese odio que quieren instalar no lo estamos contactando.

-¿Qué fue lo más duro, triste e ingrato en su trayectoria como dirigente social?

-Los momentos más feos o más tristes son cuando vos estás cocinando y te vienen a pedir comida y no te quedó más. Eso es lo peor que te puede pasar, o viene una persona mayor y no tenés comida porque la terminaste de entregar, ese es el momento más triste. (silencio y alguna lágrima) ¡Pasaron 20 años y seguimos teniendo esa situación! Eso es por un lado lo más frustrante porque decís pasaron 20 años y estamos reclamando lo mismo, ahora que el Facebook te trae los recuerdos y ves lo que hace 8, 10 años estás pidiendo, y decís estamos, seguimos peleando por esto. Uno deja tanto sacrificio y sigue pidiendo lo mismo, es frustrante y por otro lado te da fuerza para decir algo distinto tenemos que hacer y ahí está el desafío porque en este país además de protestar hay que tener propuestas. Quizás ese paso que hay que dar es lograr que la gente nos vote y ese sería un gran desafío que desde nuestro movimiento social y político empezamos a dar. Yo soy parte de Libres del Sur, este año hicimos una consulta popular que pensamos que con mucho esfuerzo íbamos a llegar a un millón de personas a que votaran en contra del acuerdo con el FMI. Votaron un millón trescientas mil personas, primer punto, cuando en el territorio discutís sobre el FMI la gente te dice “y qué tiene que ver eso con lo que me pasa”. Todos los días. Y sin embargo encontramos una recepción respecto a discutir esto.

-Recepción y discusión asoman como misiones imposibles en la Argentina de hoy…

-Hace un mes dijimos vamos a discutir que es importante fortalecer una propuesta política y salimos a hacer una campaña de afiliación a Libres del Sur. En la provincia de Buenos Aires, en 15 días, logramos 50 mil afiliaciones.  He hecho muchas veces campañas de afiliación y hay descreimiento de la política. Creemos que el haber estado en la pandemia sin encerrarnos y que la gente en el barrio nos viera, seguir a pesar del miedo, porque ninguno de nosotros somos kamikazes, tenemos familia, a mayores de 60 y ante una enfermedad desconocida con tanta cantidad de muertos. Ese es el capital de estar cerca de la gente, la propia gente te plantea tienen que hacer algo además de dar de comer, te empujan, te dicen qué hacemos. Vengo de Mendoza y San Juan, en la marcha federal estuve en Jujuy, en Tucumán, en Córdoba, vemos que hay en la sociedad activa, y creemos que por eso también crece Milei porque toca fibras de la bronca de un montón de gente que dice que habla de «la casta política» porque hay un sector de la dirigencia que ha bastardeado tanto a la política con letras mayúsculas, que es un espacio que hay que ocupar con ideas realmente de transformar y hacer una sociedad más justa y no permitir el ingreso  en esa bronca a sectores como Milei que no son nada de la nueva política, que son tipos que reivindican al menemismo, reivindican a Cavallo.

Silvia Saravia - InfoGremiales

-Y que cobraron los ATP.

-Que aparte, los verdaderos libertarios, si se levantaran y lo vieran

-Tampoco se escuchan propuestas en cuanto a qué solución tienen ellos para los pobres. Se habla de pobreza estructural. ¿Lo que no se discute es que los ricos lo son cada vez más, que hay una riqueza estructural?

-Por supuesto, no solo hay una riqueza estructural, hay una concentración de esa riqueza, pero también hay una fuga de esa riqueza, porque ese es el otro tema, que no se discute solamente acá, se discute mundialmente, o sea la riqueza fugada en los paraísos fiscales, esa riqueza que está generando incluso más riqueza en el sistema financiero y que no está pensando en lo productivo, en la calidad de vida de las personas sino en acumulación y acumulación de riqueza. Eso es un tema a discutir y por supuesto no se discute porque esos sectores están cómodos en que la discusión sea la pobreza, y los pobres, y la organización de los pobres, y no sea la concentración de la riqueza y la organización de los ricos para seguirse sosteniendo con esos privilegios.

-¿Que los ricos tengan hinchada propia entre los pobres, nos pinta un poco como pueblo?

-Pasa a nivel mundial, me parece que pasa por la sociedad que también han logrado que sectores humildes o pobres defiendan sus intereses, eso es parte de la tarea de las organizaciones, de estudiar, formarse, hacer talleres, que no sea solamente la información que llega por la tele sino que sea una información que se construya desde abajo, eso es parte de nuestra tarea y al ser una organización con tanta inserción territorial, creemos que tenemos posibilidad de hacerlo y profundizarlo, es parte de los desafíos que enfrentamos, por supuesto en desigualdad de condiciones pero es una tarea al fin. Y cuando hay ataques tan furibundos por estos sectores es porque el río hace ruido también.

«Nosotros como organización tenemos algunas formas que quizás no son las habituales o las tradicionales. Se trata de una organización colectiva que realmente aspira a que ninguno de sus integrantes esté acá sentado para hacer carrera política sino al revés»

-Salario universal, un tema de moda, lo plantea el Papa, algunos funcionarios del Gobierno, dicen que de aplicarlo se organizaría todo lo referido a planes sociales y programas, que el FMI lo ve con buenos ojos. Al mismo tiempo, también desde el Gobierno dicen: «No, Salario Universal no, trabajo registrado». ¿Cuál es su visión del tema?

-El salario universal sirve si es que está dentro de un plan de desarrollo, de creación de puestos de trabajo genuino, sino va a ser ese salario universal que pretende el FMI. Nosotros tenemos en claro que quienes crearon los planes sociales son los mismos que destruyeron nuestro sistema productivo.

-¿Nos vamos hasta los 90?

-Sí, por supuesto. Podemos decir el ejemplo del macrismo, muchos lo acusan de haber engordado las organizaciones sociales. En realidad lo que hizo el macrismo fue intentar que su proyecto, el que estaban llevando adelante tuviera la menor conflictividad posible a partir de ir tapando ciertos agujeros. Para que no los desviaran de sus proyectos como lo fue el endeudamiento en el que nos sumió, también los privilegios de determinadas empresas y darle continuidad a esta concentración de extranjerización que ya se había iniciado en el último gobierno de Cristina.

-Una tal Silvia Saravia dijo hace algunos años: «Carolina Stanley nos da alimentos pero algunos llegan con gorgojos y hay sobrecarga de mermeladas vencidas».

-Pasó y sigue pasando lamentablemente. Hubiéramos esperado que este Gobierno encarara y profundizara ese anuncio de la mesa contra el hambre, esa vergüenza que decía sentir Alberto que en nuestro país hubiera chicos mal nutridos, la verdad que hubiera sido muy bueno que se profundizara esto porque hubiera sido discutir la soberanía alimentaria, pero bueno no hay, y ahí vamos a las cuestiones estructurales que nosotros creemos que un gobierno debilitado no está dispuesto a asumir.

-¿La defraudó Alberto, este Gobierno, o pensaba que iba para mal apenas arrancó?

-Como organización no queríamos que al gobierno le fuera mal porque eso implica que a la gente le va mal. Celebramos que no hubiera ganado el macrismo porque ahí sí teníamos en claro cuál era el proyecto del macrismo. Pero uno siempre guarda una esperanza de decir bueno a ver no apoyamos que ganara Alberto pero ojalá nos hayamos equivocado, apuesto a que me equivoqué, como sucedió con Néstor Kirchner, nosotros en su momento pensábamos que iba a llevar adelante un modelo similar a lo que veníamos, que iba a ser más de lo mismo. Y en ese momento dijimos no fue más de lo mismo y nos convocó y nos sumamos, no tenemos ese prejuicio de decir bueno si no es lo que yo dije, ojalá no nos hubiéramos equivocado, incluso en el primer periodo de Alberto cuando nos convocaron, incluso en las coordinaciones de esas mesas ante la crisis por la situación de la pandemia dijimos dejemos de lado toda diferencia que tengamos, hay que laburar porque el que la está pasando peor es la gente que menos tiene. Esa es nuestra prioridad, la situación del pueblo y con ese prisma, esa es nuestra evaluación de si un gobierno es bueno o es malo, cómo la está pasando la gente, ese es nuestro prisma a través del cual miramos, no tenemos una cuestión de quién es sino de qué es lo que está haciendo. Y en realidad evidentemente defraudó una esperanza de que hubiera una situación superadora, incluso nosotros tenemos una visión de que tuvo la oportunidad, viste cuando se dejan pasar oportunidades. La pandemia para nosotros terminó siendo una oportunidad.

Silvia Saravia - InfoGremiales

-Hay gente en el Gobierno que lo dice off de récord, «perdimos una gran oportunidad»…

-Lo creemos también y creemos que con lo de Vicentin se perdió una oportunidad, con la pandemia el debate del rol de los cuidados se perdió una oportunidad, con la discusión del tema de la soberanía alimentaria y el acceso a los alimentos se perdió una oportunidad y es triste. Es más, hoy internacionalmente tenemos una oportunidad porque los precios de los alimentos, siendo principalmente agroexportadores, tendríamos una oportunidad y se está desperdiciando al no tomar las medidas que correctamente debieran tomarse ante una situación como esta y que evidentemente el gobierno no está dispuesto a tomar.

-¿Un párrafo sobre el sindicalismo argentino, una foto?

 -Es evidente que no terminar de ser la voz de quien representás te lleva a un costo, y es que el sindicalismo argentino hoy no está a la altura de reflejar la situación de sus propios representados, en todo nivel. lo que está sucediéndonos no lo están defendiendo, es un proceso también porque muchos de los sindicalistas han sido cómplices de las privatizaciones en su momento y no han logrado terminado de zafar de ese estigma. Además de que ya hoy en nuestro país la mayoría de la gente que tiene un trabajo, tiene un trabajo no registrado o en condiciones de precarización como es el avance del monotributista, acompañar esa pérdida de legitimidad creemos que hay una pérdida de capacidad organizativa de un sector con trabajo pero sin empleo.

«Tenemos en nuestra organización un montón de personas que no están tan alejadas del mundo laboral, y la pérdida de autoestima que se da en alguien que tiene esa expectativa de conseguir ese empleo y no lo consigue, es muy dura»

 -Se le quebró la voz hablando de la gente que le pide de comer, cuando se acabó todo. Sin dudas muchas personas creen que su teléfono celular es mágico. ¿Cuál es el mayor pedido que recibe, comida, trabajo, plata, favores..?

-Hay un reclamo muy fuerte, porque tiene que ver con la dignidad, que es el tema del trabajo. Al estar muchos años en una organización, cuando hay dinámica de conseguir empleo quedan los sectores que tienen más dificultades de inserción laboral. Pero cuando vos estás en una situación como esta, se nos acercan para poder cobrar un Potenciar Trabajo y organizarse en algún espacio laboral gente que está estudiando en una universidad, que tiene un oficio, que quizás tiene una changa pero no algo con determinada estabilidad. Siempre digo, tener un ingreso con cierta estabilidad es lo que te permite no volverte loco. Y hoy hay mucha gente que se acerca que ha tenido experiencia laboral, que no viene de generaciones sin experiencia de trabajo, mucha gente con voluntad de estudiar para poder superarse. Tenemos en nuestra organización un montón de personas que no están tan alejadas del mundo laboral, y la pérdida de autoestima que se da en alguien que tiene esa expectativa de conseguir ese empleo y no lo consigue, es muy dura. Hay una canción que dice «Nunca me acostumbraré», y siempre digo a qué cosas uno nunca se acostumbra. Por ejemplo a  esa mirada de alguien a quien le da mucha vergüenza acercarse a una organización porque puteó durante mucho tiempo y ahora te viene a pedir ayuda. Incluyo en esto a mucha gente del periodismo, «nunca me acostumbraré» a esa cuestión del alimento, cuando te dicen «no tengo». Y vos les decís está cerrado el Plan Potenciar no podemos dar altas y te dicen aunque sea dame algo de comida. Y “nunca me acostumbraré” a la cantidad de gente que volvemos a ver que vive en la calle, es otro dato que demuestra cuando se profundiza tanto la crisis.

-¿También le piden milagros?

 -Nuestros compañeros, compañeras, muchos jóvenes, los que a veces no tienen para ellos mismos se organizan para darle de comer a la gente en situación de calle. Y vos decís ¿No tenés para morfar en tu casa y estás ayudando a otros? Bueno, esos son los milagros, el que no tiene, que ve que el otro tienen menos y lo ayuda, esos son milagros que se ven dentro de las organizaciones.