Aunque el delivery se afianza como hábito cotidiano en el país, un informe privado revela que los precios de las comidas y los envíos suben muy por encima de los salarios. En abril, las categorías más demandadas aumentaron hasta 41% interanual sus precios, lo que provocó una caída del 12% en el poder de compra de los usuarios. Mientras tanto, los repartidores necesitan realizar 454 pedidos por mes para no caer bajo la línea de pobreza.
El servicio de delivery se consolida cada vez más como un hábito cotidiano en Argentina, impulsado por el crecimiento sostenido de plataformas como PedidosYa y Rappi. Sin embargo, detrás de esa expansión se esconde una realidad preocupante para los consumidores: los precios de las comidas y los envíos aumentan por encima de los salarios, lo que erosionó fuertemente el poder adquisitivo. Según un informe de la consultora Focus Market, en el último año la capacidad de compra medida en pedidos cayó un 12% interanual, a pesar de que los ingresos nominales de los trabajadores registraron subas.
El estudio precisó que el problema no es que los sueldos hayan permanecido estáticos, sino que los costos del delivery treparon a un ritmo muy superior. En abril, las categorías más demandadas por los usuarios registraron aumentos de hasta el 41% interanual. Un claro ejemplo es el de la hamburguesa, que pasó de costar alrededor de $10.600 a $15.000; el kilo de helado saltó de $19.800 a casi $28.000; y una pizza, de $17.700 a unos $25.000, reflejando una inflación sectorial muy por encima del promedio general.
Las consecuencias de esta disparidad se notan directamente en el bolsillo de los consumidores. Con un salario promedio de febrero de 2026 de $1.734.357, un trabajador puede comprar hoy 116 hamburguesas, cuando un año atrás podía adquirir 132. En el caso de las pizzas, la capacidad de compra cayó de 79 a 69 unidades. Esta pérdida de poder adquisitivo, advierten los especialistas, comienza a modificar los hábitos de consumo y reduce la frecuencia de los pedidos, poniendo en jaque la sostenibilidad del modelo a largo plazo.
Del otro lado del mostrador, la situación de los repartidores es igualmente crítica. Según el Índice APP de la Fundación Encuentro, un delivery cobró en promedio $3.033 por pedido en diciembre de 2025. Para cubrir la Canasta Básica Total de una familia tipo y no caer bajo la línea de pobreza, un trabajador necesitaría completar 454 pedidos mensuales, lo que equivale a unas 18 entregas diarias sin descanso. Ese nivel de actividad permitiría alcanzar un ingreso bruto mensual cercano a $1.376.528, aunque sin descontar gastos de combustible, monotributo, seguro del vehículo y datos móviles.
El informe también pone el foco en la estructura de costos que sostiene al sistema. Las aplicaciones de delivery cobran a los comercios comisiones que oscilan entre el 25% y el 35%, valores que prácticamente duplican los costos de otros marketplaces como Mercado Libre, cuya comisión ronda el 13%. A su vez, los consumidores deben afrontar no solo el costo del envío, sino también una “tarifa de servicio” de entre 1,5% y 2%, que ya fue cuestionada judicialmente por el gobierno bonaerense por considerarla una práctica abusiva.
En este contexto de alta inflación, márgenes ajustados y presión regulatoria, el director de Focus Market, Damián Di Pace, sostuvo que el principal desafío del sector pasa por “equilibrar expansión y rentabilidad”. Si bien el 70% de los repartidores trabaja apenas tres horas diarias utilizando las aplicaciones como ingreso complementario, la tendencia indica que, sin una revisión de los precios, las comisiones y los salarios reales, el crecimiento del delivery podría frenarse ante un consumidor cada vez con menos capacidad de gasto.




