Un informe basado en datos oficiales de la Universidad Nacional de Rosario reveló que la informalidad laboral alcanza al 45% de los trabajadores urbanos de la Argentina, pero en varios centros urbanos del norte y Cuyo supera el 80% entre los cuentapropistas. Formosa encabeza el ranking con el 87,9%, seguida por Gran Tucumán (87,6%) y Santiago del Estero-La Banda (87,5%). La brecha con la Ciudad de Buenos Aires, donde la tasa entre independientes es del 32,8%, expone una fractura territorial que se profundiza desde 2023.
La informalidad laboral en Argentina alcanzó al 45% del universo total de trabajadores durante el segundo trimestre de 2026, según un análisis de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) elaborado a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC. La medición revela un incremento constante desde el 41,4% registrado a fines de 2023 y coincide con un cambio estructural en la composición del empleo: la participación de los asalariados retrocedió del 73,7% al 70,5%, mientras que el cuentapropismo se expandió del 22,6% al 25,5%. El informe también advierte que el 65,8% de los cuentapropistas en la población urbana del país opera en la informalidad, frente al 37,9% de los asalariados que no cuenta con aportes jubilatorios, una cifra que se deterioró desde el 33,6% medido a fines de 2016.
El análisis por centros urbanos expone una brecha geográfica brutal. Las tasas más altas de informalidad entre trabajadores por cuenta propia se concentran en el Norte y Cuyo. La Ciudad de Formosa encabeza la lista con el 87,9%, seguida por el Gran Tucumán y Tafí Viejo (87,6%), Santiago del Estero y La Banda (87,5%), Gran Resistencia (84%) y Gran San Juan (83%). En Formosa, además, los cuentapropistas representan el 28,1% de los ocupados, uno de los índices más altos del país. En el extremo opuesto, los niveles más bajos se registran en la Ciudad de Buenos Aires (32,8%), Mar del Plata y Batán (42,7%), Bahía Blanca y Cerri (43%) y las ciudades fueguinas de Ushuaia y Río Grande (43,1%). A nivel regional, la Patagonia muestra una tasa de informalidad total de entre el 18% y el 33,5%, frente a rangos de entre el 43,9% y el 56,2% en el Noroeste y del 51,9% al 53,8% en el Noreste.
El crecimiento del trabajo por cuenta propia es uno de los fenómenos que explica el deterioro. Según el informe de la UNR, el cuentapropismo ganó 2,9 puntos porcentuales de participación en el empleo total entre fines de 2023 y el segundo trimestre de 2026, en un contexto de retroceso de los asalariados registrados.

Este desplazamiento hacia el trabajo independiente no responde a una elección vocacional, sino a la falta de oportunidades en el empleo formal. Un informe previo del IIEP-UBA/CONICET ya había advertido que en el Noroeste, Noreste y Cuyo la informalidad supera el 50% del empleo, consolidándose como la forma predominante de inserción laboral. En esos territorios, el trabajo en negro dejó de ser una excepción para convertirse en la regla.
La informalidad no golpea por igual a todas las actividades. El servicio doméstico presenta la tasa más alta, con el 77,4%, seguido por la construcción (76,2%), la gastronomía y alojamiento (63,9%) y el comercio (54,7%). En contraste, los servicios profesionales, científicos y técnicos muestran una informalidad del 19,2%, mientras que en información y comunicación alcanza el 33,9%. Estos datos reflejan una estructura productiva segmentada, donde los sectores intensivos en mano de obra y con menores barreras de entrada concentran los niveles más altos de precariedad, mientras que las actividades que requieren calificación y capital operan con estándares de formalidad muy superiores.
La combinación de informalidad elevada y caída del empleo registrado configura un escenario crítico para las provincias del norte. Según estimaciones de organizaciones sociales, en provincias como Chaco, Formosa y Santiago del Estero la pobreza podría alcanzar al 50% de la población, con caídas del consumo de entre el 8% y el 10%. La informalidad no solo implica la ausencia de aportes jubilatorios y cobertura de salud, sino también la falta de protección frente a despidos, accidentes laborales y enfermedades. En un mercado de trabajo donde el recibo de sueldo se convirtió en un privilegio, las provincias del norte quedaron atrapadas en un círculo vicioso: menos empleo formal, más cuentapropismo precario y una creciente presión sobre los sistemas de salud y asistencia social. El informe de la UNR deja una conclusión contundente: la informalidad ya no es una crisis coyuntural, sino un sistema estructural que concentra sus peores efectos en el norte argentino.




