El sindicato del subte conocido como «metrodelegados» votará el 26 de noviembre en un escenario que llegó al cierre de listas atomizado, tras la muerte de Beto Pianelli. La fractura del sector que conduce el gremio desde 2008 y la ruptura de la oposición de izquierda configuran una interna de resultado incierto para los 1.500 afiliados.
Los Metrodelegados irán a elecciones el próximo 26 de noviembre en un escenario inédito para la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP). Tras el cierre del plazo para la presentación de nóminas, en la medianoche del viernes, se confirmó la ruptura del sector oficialista que conduce el sindicato desde 2008 y también se fisuró la oposición de izquierda, dejando un cuadro atomizado con tres listas que competirán por la conducción. La renovación de autoridades refleja el shock interno que produjo la muerte en enero pasado de «Beto» Pianelli, uno de los fundadores del gremio y su líder durante 18 años.
La ruptura del sector oficialista se confirmó luego de que fracasaran las negociaciones entre las dos fracciones que hasta ahora compartían la conducción. Por un lado competirá la Lista Verde, encabezada por el actual secretario adjunto Néstor Segovia; por el otro, la Lista Colorada-Violeta, liderada por Virginia Bouvet, secretaria de Organización y referente del pianellismo.
La división ya existía dentro del sindicato, pero se profundizó tras la muerte de Pianelli, quien compartió durante años la conducción con Segovia pese a sus diferencias políticas. Pianelli con raíces en el troskismo era el secretario General y líder de la fracción mayoritaria, mientras que Segovia siempre se reconoció peronista.
El sector más cercano al dirigente fallecido entiende que representa a la mayoría y no considera que Segovia deba ser el heredero natural para ocupar la secretaría general. Aunque hubo charlas, Bouvet quedó como referente de esa corriente y se perfila como la candidata más sólida.
La oposición de izquierda, que en las elecciones de 2022 llegó unificada y obtuvo el 40,9% de los votos frente al 59,1% de la fórmula Pianelli-Segovia, llegará esta vez dividida. La lista Bordó-Azul será encabezada por Claudio Dellecarbonara, del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y actual vocal del gremio por la minoría, con fuerte inserción como delegado en la Línea B.

Sin embargo, quedaron afuera el Partido Obrero (PO) y otros sectores con menor inserción en las bases del subte. La fractura de la izquierda le resta peso a la oposición en un escenario donde, paradójicamente, la división del oficialismo podría haberle abierto una oportunidad histórica para disputar la conducción del sindicato.
El cuadro de atomización torna muy difícil predecir lo que sucederá en las urnas. Segovia había propuesto una nómina de unidad, incluso con sectores de izquierda, ante lo que interpreta como riesgos para los trabajadores en la etapa que viene. «Sería un error que se rompa un sector que está desde hace tanto tiempo y con tantos resultados al frente del sindicato», afirmaron a Infobae cerca del secretario adjunto.
Desde el pianellismo, en tanto, habían reclamado construir «la mayor unidad posible» ante la reforma laboral y la persecución judicial contra los sindicatos, aunque las negociaciones no avanzaron. Según el mismo medio, los allegados a Segovia sostienen que el rechazo del pianellismo se explica por diferencias ideológicas y por el perfil «peronista y evangélico» del actual secretario adjunto.
La elección de Metrodelegados se produce en un momento crítico para el movimiento sindical, con el gobierno de Javier Milei impulsando reformas laborales y una avanzada judicial contra las organizaciones gremiales.
El sindicato, que nuclea a 1.500 afiliados y tiene una influencia decisiva en la actividad de los subtes, llega a estos comicios sin el liderazgo de Pianelli por primera vez en su historia. La división del oficialismo y las fisuras en la izquierda dejan un panorama fragmentado que, según los propios protagonistas, dificulta anticipar el resultado del 26 de noviembre. Lo que sí es seguro es que la nueva conducción tendrá que enfrentar un escenario complejo, con la presión del Gobierno sobre los sindicatos y el desafío de sostener la unidad de un gremio que, por primera vez en 18 años, no tendrá a su fundador en la boleta.




