jueves, septiembre 29

El trabajo doméstico, feminizado en un 95%, fue el más afectado en la pandemia y al que más le cuesta recuperarse

El trabajo doméstico fue el sector más afectado durante la pandemia, con la pérdida de 433.000 puestos laborales, y a su vez al que más le está costando superarla, con sólo el 18% de recuperación de esos empleos, según una investigación difundida hoy por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

En un trabajo realizado por los investigadores Florencia Sachetti y Juan Camisassa, se puso de manifiesto que los 433.000 puestos de trabajo perdidos por el sector «representan casi el doble que los 241.000 empleos perdidos en hoteles y restaurantes, la segunda rama de actividad más afectada».

«El sector del empleo en casas particulares recibe una de las peores remuneraciones, ofrece prospectivas limitadas de crecimiento y en la gran mayoría de los casos carece de regulación y de acceso a la seguridad social», remarcó Cippec, en un análisis de la situación en la que se destacó las adversidades históricas del personal doméstico.

En ese sentido, Sachetti y Camisassa señalaron que «previo a la pandemia, el trabajo en casas particulares era el sector que más mujeres empleaba, ya que concentraba al 17% de la fuerza laboral femenina».

«Además, presentaba los índices más altos de informalidad (75%), las mayores tasas de feminización (95% de quienes trabajaban en el sector eran mujeres) y las remuneraciones promedio más bajas de todo el mercado laboral», añadieron.

Asimismo, aclararon que la pérdida de 433.000 puestos de trabajo fue en el período comprendido entre el primer trimestre de 2020 y el mismo lapso de 2021 pero, si la comparación se realizase contra el segundo trimestre de 2020 (el primero de aplicación plena del ASPO), la caída «alcanzó un pico de más de 500 mil».

«Estos datos reflejan dos fenómenos en simultáneo: el trabajo doméstico remunerado fue el más golpeado por la pandemia y, además, es el que más lento se recupera», aseguraron.

En lo que hace al ritmo de reactivación del sector, la situación a inicios de 2021 evidenciaba una recuperación de apenas el 18% respecto del segundo trimestre de 2020, «muy por debajo de la media en un contexto en el que el nivel agregado de empleo ya se encontraba en niveles previos a la pandemia», subrayaron.

Cippec valoró las «diversas políticas para contener los impactos socioeconómicos de la pandemia, que beneficiaron a las trabajadoras domésticas y sus hogares» implementadas por el Estado nacional.

Entre ellas, señaló «compatibilizar la percepción del Ingreso Familiar de Emergencia con los ingresos provenientes de la ocupación en el sector del trabajo doméstico y otorgar un bono extraordinario a titulares de la Asignación Universal por Hijo/a».

«También incluyeron el lanzamiento del Programa Registradas, una iniciativa que cubría entre el 30 y el 50% del sueldo de la trabajadora durante seis meses (por hasta $15.000 mensuales) y abría una cuenta bancaria gratuita a las nuevas trabajadoras de casas particulares que trabajaran más de doce horas semanales y cuyos/as empleadores/as registraran formalmente el vínculo laboral», completó.

Sin embargo, la entidad reconoció que «estas prestaciones no fueron suficientes para contener las consecuencias de la crisis», debido a que «aunque alrededor de 56.000 trabajadoras se registraron a diciembre de 2021, sólo se otorgaron 10.064 prestaciones de las 90.000 a las que aspiraba el Programa Registradas».

«A su vez, en el segundo semestre de 2020, mientras que la pobreza promedio de las mujeres ocupadas alcanzaba el 27%, entre las trabajadoras domésticas trepaba a 56%, lo que representaba un aumento interanual de 9 puntos porcentuales», puntualizó.

Luego de ponderar que la regulación argentina del empleo doméstico es «una de las más importantes de América Latina y el Caribe», remarcó el «imperativo ético, jurídico y político» para avanzar en una «recuperación inclusiva».

Para ello, Cippec sostuvo que se deben «fortalecer las políticas de inspección y fiscalización laboral» y reducir la brecha salarial con el resto de las ocupaciones, focalizándose «en quienes trabajan en varios hogares diferentes, ya que terminan siendo expuestas a la informalidad».

También abogó por «impulsar la representación colectiva de las trabajadoras domésticas, que por las características de su trabajo suelen enfrentar obstáculos para la participación gremial».