En un duro diagnóstico, el organismo calificó el sistema impositivo argentino como «complejo, altamente distorsivo e inestable» y reclamó un «alineamiento» gradual del Monotributo con el régimen general. Tributaristas advierten que los más perjudicados serán los contribuyentes de las últimas categorías, para quienes el salto a ser responsable inscripto representa «un salto al abismo».
El Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó un diagnóstico crítico sobre el esquema impositivo argentino, al que calificó como «complejo, altamente distorsivo e inestable», y planteó una serie de reformas entre las que se destaca un ajuste de alícuotas y contribuciones del Monotributo. En su último staff report, el organismo trazó una hoja de ruta para una reforma que busca ampliar la base de recaudación en hasta 3,3 puntos del Producto Bruto Interno (PBI), poniendo el foco en el endurecimiento del régimen simplificado y la ampliación del Impuesto a las Ganancias.
Para el FMI, el Monotributo, si bien ayudó a la formalización de miles de trabajadores independientes y pequeños comerciantes, hoy genera una carga tributaria «mucho menor» que la del régimen general. Según el documento, esta diferencia incentiva que las empresas no crezcan y que los contribuyentes eviten el salto al sistema general para no enfrentar costos más altos. En este sentido, el organismo apuntó contra la estructura de cuotas fijas, al considerar que genera «saltos bruscos» entre categorías que desalientan avanzar hacia escalas superiores, acumulando contribuyentes por debajo del límite de facturación correspondiente. La propuesta consiste en un «alineamiento» gradual de las cuotas y contribuciones sociales del Monotributo con las del régimen general, una reforma que, según estimaciones del Fondo, podría aportar hasta 1 punto del PBI en ingresos adicionales.

Al analizar las posibles implicancias de la reforma, el tributarista Cesar Litvin, en diálogo con el programa Esta Mañana por Radio Rivadavia, sostuvo que «los que deberían preocuparse son los que están en las últimas categorías del monotributo porque si se reducen esas categorías, el salto a ser responsable inscripto es un salto al abismo, ya que genera mucho más pago de impuestos». La advertencia del especialista apunta directamente al corazón del problema que enfrentarían cientos de miles de pequeños contribuyentes si el Gobierno aceptara las exigencias del FMI y avanzara con una reforma que achique los límites de facturación o incremente las cuotas hasta equipararlas con las del régimen general.
Actualmente, el Monotributo cuenta con once categorías que abarcan desde facturaciones anuales de hasta $10,2 millones en la categoría A, hasta $108,3 millones en la categoría K, con cuotas mensuales que van desde los $42.386 hasta más de $1,3 millones en servicios.
Pasar a ser responsable inscripto implica dejar de emitir factura tipo C para pasar a emitir factura A o B, lo que permite discriminar el IVA y facilita la contratación con grandes empresas. Pero también exige informar ventas y compras mensualmente para calcular el saldo a pagar del IVA, presentar una declaración anual de Ganancias con una escala progresiva, abonar una cuota fija mensual de alrededor de $70.000 para aportes previsionales como autónomo y afrontar el impuesto a los Débitos y Créditos bancarios del 0,6% sobre los movimientos, aunque las PyMEs pueden deducir ese monto de Ganancias y las personas físicas están exentas si usan cajas de ahorro o billeteras virtuales.
El diagnóstico del FMI y las declaraciones de Litvin encienden una luz de alerta entre los más de dos millones de monotributistas que hoy operan en la Argentina. Si el Gobierno avanza con el «alineamiento» propuesto por el organismo, muchos contribuyentes de las categorías más altas se verían obligados a migrar al régimen general, con el consiguiente aumento de la carga fiscal y de las obligaciones formales. La discusión de fondo, que trasciende el mero ajuste técnico, es política: el Monotributo nació hace más de dos décadas como una herramienta de simplificación y promoción de la pequeña economía, y cualquier modificación que lo endurezca corre el riesgo de empujar nuevamente hacia la informalidad a quienes hoy, con esfuerzo, sostienen sus negocios dentro de la legalidad.




