Crisis en la industria autopartista: advierten sobre pérdida de empleos y reclaman medidas para evitar convertir fábricas en «parri-pollos»

Un directivo del sector autopartista advirtió que sin mejoras en la competitividad y reglas de juego estables, la crisis autopartista podría profundizar la pérdida de empleos y el cierre de fábricas, con un fuerte impacto social y productivo.

La industria autopartista argentina atraviesa un momento crítico marcado por la pérdida de competitividad, el aumento de importaciones y la caída de la producción, un escenario que ya provocó el cierre de más de 50 empresas en los últimos 15 años. En este contexto, el director de la firma ZF Argentina, Andrés Fava, lanzó una fuerte advertencia sobre el futuro del sector y reclamó medidas urgentes para evitar una mayor destrucción del entramado productivo.

El directivo señaló que la inestabilidad económica y los cambios bruscos en las políticas productivas dificultan la planificación a largo plazo de las empresas. Según explicó, la alternancia entre modelos económicos más cerrados y otros de mayor apertura, sin políticas de transición, genera incertidumbre y termina afectando la capacidad de inversión y sostenimiento del empleo industrial.

Entre los principales problemas que afectan al sector, mencionó la menor producción automotriz, la reducción del contenido nacional en nuevos proyectos industriales, el crecimiento de las autopartes importadas —especialmente desde China— y la pérdida de mercados de exportación. En ese contexto, su empresa ya comenzó a aplicar medidas de ajuste como la no renovación de contratos y la implementación de retiros voluntarios.

Fava también puso el foco en lo que definió como la “competitividad exógena”, es decir, los factores estructurales que dependen de las políticas públicas, como la presión impositiva, los costos laborales no salariales y las condiciones macroeconómicas. Como ejemplo, sostuvo que los costos no salariales en Argentina representan cerca del 67% del salario, por encima de otros países de la región, lo que impacta directamente en la capacidad competitiva de las empresas.

El empresario también cuestionó la idea de que la pérdida de empleo industrial pueda ser compensada rápidamente por sectores emergentes como la minería o la energía, al advertir que esas actividades no tienen la misma capacidad de absorción de mano de obra que la industria manufacturera. Según su análisis, esto podría derivar en un aumento del trabajo informal o en la reconversión forzada de trabajadores hacia actividades de subsistencia.

En ese sentido, utilizó una metáfora contundente para describir el riesgo social que podría generarse si no se toman medidas: advirtió que muchas empresas y trabajadores podrían terminar reconvertidos en pequeños emprendimientos informales, como parrillas o comercios barriales, en lugar de sostener empleos industriales de calidad. Frente a este panorama, reclamó políticas coordinadas entre los distintos niveles del Estado para mejorar las condiciones de competitividad y permitir que la industria pueda desarrollarse en igualdad de condiciones frente al escenario internacional.