La planta, que nació en 2020 de la unión de marcas de indumentaria como Jazmín Chebar, Billabong, Grisino, Gepetto y Azzaro, cesará definitivamente sus operaciones a fines de agosto. Llegó a emplear a 150 personas, pero la caída del consumo y la crisis del sector terminaron con el proyecto, en un contexto donde la industria textil ya perdió más de 15.400 puestos de trabajo en el último año.
El sueño de recuperar una fábrica textil que había cerrado sus puertas en 2019 terminó. Indumentaria Catamarca, el proyecto que nació en 2020 de la asociación de cinco reconocidas marcas nacionales, cerrará definitivamente sus puertas a fines de agosto, según confirmó su gerente general, Julio Serrano. La planta, que llegó a generar 150 puestos de trabajo en su mejor momento, mantiene actualmente apenas una veintena de empleados que quedarán desempleados. «Esta idea nació como un sueño y pudimos generar trabajo para 150 familias. La situación actual, la crisis del sector y la caída de la demanda son los factores fundamentales que nos llevan a este desenlace», explicó Serrano a medios locales.
El cierre de Indumentaria Catamarca es apenas una pieza más en el derrumbe de la industria textil argentina. Según datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), entre abril de 2025 y abril de 2026 el sector perdió 15.468 puestos de trabajo formales, la mayor caída interanual desde que se tienen registros. En total, desde diciembre de 2023, la cadena textil acumula una pérdida de 25.683 empleos. El entramado empresarial también se ha visto diezmado: dejaron de operar 330 establecimientos en el último año, elevando la cifra total de cierres a 383 empresas desde fines de 2023.

El colapso del sector se refleja en números que no dejan lugar a dudas. La producción textil cayó un 25,6% interanual en abril, muy por encima del retroceso del 2,5% que registró el promedio de la industria manufacturera. La utilización de la capacidad instalada en las fábricas textiles fue de apenas el 42,2% en mayo, es decir, casi seis de cada diez máquinas permanecieron inactivas. «Los datos reflejan que la recuperación del sector textil todavía no se consolida y que el contexto se vuelve cada vez más complejo. La producción continúa en retroceso, el empleo sigue cayendo mes a mes y las empresas operan a niveles de utilización de la capacidad instalada históricamente bajos», advirtió Celina Pena, gerenta general de FITA.
Serrano explicó que la decisión de cerrar no fue tomada a la ligera y que intentaron todas las alternativas posibles. «La caída del consumo implica que el negocio ya no es rentable. Estaba todo organizado, costos y equilibrio, pero no se pudo continuar», afirmó. El gerente señaló que el principal problema fue el deterioro de las ventas. «La situación actual del país, la caída del consumo, hizo un combo que no nos permitió avanzar. Lo que producías lo ibas sobrestockeando, porque la gente cambió el consumo y el dinero lo usa para otra cosa», describió. La falta de reglas claras para la industria fue otro de los factores que mencionó: «Lo mejor es tener reglas claras para poder producir. Cuando te cambian las reglas de juego, podés reinventarte, pero todos no tienen la misma posibilidad».
Desde la empresa aseguraron que el cierre se hará de manera ordenada y que el personal fue informado a medida que la situación se fue deteriorando. El último día de agosto marcará el fin de una experiencia que había comenzado con la ilusión de recuperar el empleo perdido y que, según uno de los empresarios que participó de la iniciativa, terminó con un sabor amargo: «La actual política económica destruyó la capacidad de producción. Esto es tremendo y muy triste. Esa planta era un orgullo, ahora es una tristeza». Las máquinas de la fábrica serán puestas a la venta y, según indicó Serrano, algunos de los propios trabajadores ya mostraron interés en adquirir equipos para intentar desarrollar emprendimientos propios, en un sector que sigue acumulando cierres y desempleo sin encontrar un piso.




