La planta de San Rafael de la conservera Alisan paralizó su actividad y los empleados temen por la continuidad de sus puestos tras haber recibido pagos parciales e irregulares durante seis meses. Con la producción detenida y una disputa societaria de fondo, los trabajadores asisten a la fábrica para realizar tareas de mantenimiento sin obtener precisiones sobre el futuro de la empresa. A los 38 empleados, se suman unos 170 trabajadores temporarios contratados para la última temporada, a quienes también les adeudan salarios.
La planta de la empresa conservera Alisan SRL, ubicada en avenida Balloffet al 2200 de San Rafael, atraviesa una crisis que mantiene en vilo a sus trabajadores y pone en riesgo la continuidad de la actividad industrial. Según denunciaron los empleados, hace aproximadamente seis meses que reciben pagos de manera parcial e irregular, mientras que la producción se encuentra paralizada desde hace tres meses. La situación, que afecta directamente a los 38 trabajadores efectivos de la firma, se agrava con la pérdida de la obra social y la falta de definiciones concretas sobre el destino de la empresa.
Gustavo Oros, trabajador de la firma, explicó al medio local Diario San Rafael que la principal preocupación actual es la continuidad laboral. «Lo que está pasando es que nos estamos quedando sin la fuente de trabajo», expresó. Los empleados, que en su mayoría cuentan con más de 20 años de antigüedad en la firma, aseguran que los problemas salariales se extienden desde hace medio año y que durante ese período recibieron entregas de dinero «semana por medio, semana sí, semana no». A los 38 empleados efectivos se suman los 170 trabajadores temporarios que fueron contratados durante la última temporada y que también tienen salarios pendientes, particularmente la quincena de enero que no les fue abonada en su totalidad.
En este contexto, los trabajadores mantuvieron reuniones con ambas partes de la sociedad propietaria de la empresa, aunque las respuestas obtenidas no hicieron más que profundizar la incertidumbre. Oros describió la situación: «Nosotros somos rehenes de esta parte, de este lado, con deudas, con inseguridades, un montón de cosas». Según lo relatado, el conflicto entre los socios, que se habría iniciado en diciembre del año pasado, estaría vinculado a la posibilidad de que la firma ingresara en concurso de acreedores, una alternativa que habría encontrado la oposición de una de las partes. Uno de los socios manifestó que tiene un predio a la venta para reactivar la fábrica, aunque necesita el consentimiento de la otra parte, que se niega a firmar.

La actividad productiva de la conservera, que históricamente elaboraba pasta de tomate, conservas de legumbres y duraznos en lata, se encuentra completamente detenida. Actualmente no hay producto terminado ni se está elaborando puré, una de las producciones correspondientes a esta época del año. Pese a la inactividad, algunos trabajadores continúan presentándose en el establecimiento para cumplir con su jornada: «Hacemos mantenimiento, buscamos nosotros algo para hacer, cumplimos el horario», resumió Oros. Mientras tanto, las consecuencias económicas se acumulan en los hogares, con empleados endeudados y sin respuestas sobre si la planta volverá a producir o cerrará definitivamente.




