Granja Tres Arroyos, el mayor frigorífico avícola del país, al borde del cierre por la importación de pollo brasileño: 450 puestos de trabajo en riesgo

La apertura de importaciones y el freno a las exportaciones dejaron a Granja Tres Arroyos, el mayor frigorífico avícola del país, al borde del colapso financiero. El dueño había expresado su apoyo a la política económica del gobierno de Javier Milei, ahora está por perder su planta y hay al menos 450 despidos en riesgo. Alarma por el fuerte impacto del posible cierre en Concepción del Uruguay.

La crisis industrial comenzó a golpear de lleno a uno de los emblemas de la producción avícola argentina. Granja Tres Arroyos, el mayor frigorífico de pollos del país, atraviesa una situación crítica que podría derivar en el despido de al menos 450 trabajadores en marzo, en un contexto marcado por la apertura comercial y el ingreso masivo de pollo brasileño a precios que el mercado local no logra igualar.

La empresa, propiedad del empresario Joaquín de Grazia, había respaldado públicamente el modelo económico del presidente Javier Milei y su reforma laboral. Sin embargo, el nuevo escenario de competencia externa, sumado a dificultades en el frente exportador, dejó a la compañía al borde del precipicio financiero.

Según fuentes del sector, la apertura de importaciones generó una creciente presencia de pollo proveniente de Brasil en supermercados y comercios de cercanía, con precios difíciles de equiparar para los productores locales. A ello se sumó el cierre del mercado europeo para la carne avícola argentina, a raíz de restricciones sanitarias vinculadas a un rebrote de gripe aviar, lo que afectó de manera directa el equilibrio financiero de un negocio donde las exportaciones resultan clave para compensar costos internos.

A fines del año pasado, la firma enfrentó problemas para abonar salarios, aunque la situación logró encauzarse en enero con la normalización de pagos. No obstante, el deterioro continuó profundizándose.

Un informe de la consultora String-Agro advierte que marzo será un mes determinante: además de los 450 trabajadores que podrían ser desafectados entre plantas propias y vinculadas, si las exportaciones no se reactivan en abril el riesgo de quiebra se volvería concreto.

El epicentro del conflicto se ubica en Concepción del Uruguay, donde la compañía opera el frigorífico avícola más grande del país, tras haber absorbido años atrás otras plantas procesadoras. La industria aviar llegó a emplear allí a cerca de 1.500 personas; hoy el número ronda los 700. En los últimos meses se registraron unos 160 despidos y alrededor de 300 trabajadores adhirieron a retiros voluntarios, aunque, según fuentes locales, aún no se habrían abonado las indemnizaciones acordadas.

En una ciudad de aproximadamente 80.000 habitantes, el eventual colapso de un frigorífico que supo ser uno de los principales empleadores formales implicaría un fuerte impacto social y económico.

La preocupación crece al observar que la crisis no se limita al sector avícola. Meses atrás cerró una planta de YPF que abastecía de combustible a la ciudad por vía fluvial y empleaba a 47 trabajadores. También se produjeron despidos en el sector maderero, profundizando el deterioro del entramado industrial local. En paralelo, proliferan pequeños comercios y emprendimientos gastronómicos como alternativa frente a la caída del empleo formal.

En el sector reconocen que la combinación de costos internos dolarizados, tarifas energéticas elevadas y un tipo de cambio que no acompaña la competitividad complica seriamente la posibilidad de competir con el pollo brasileño. La consecuencia inmediata es la amenaza de nuevas cesantías y un escenario aún más severo si no se normalizan las exportaciones.

La situación de Granja Tres Arroyos se suma a otros casos que mantienen en alerta a la producción avícola, como el de Cresta Roja, firma que arrastra dificultades desde hace más de una década y que también enfrenta versiones de cierre de plantas.