El último de lo viejo?

El último de lo viejo?

Ya firme la convocatoria para el 22F, una mirada que va más allá de la coyuntura y trata de configurar que escenarios se abren para el movimiento obrero tras una de las últimas jugadas de Hugo Moyano.

(por pablo cano) La leyenda cuenta que fue Alberto Fernandez en sus tiempos de Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner quien coqueteó en los albores del gobierno iniciado en el 2003 con instalar el clivaje respecto del entonces Presidente catalogándolo como bisagra de un nuevo tiempo…de allí la frase “lo último de lo viejo y lo primero de lo nuevo”. Poco tiempo después de la muerte de Kirchner fue La Cámpora quien retomó aquella idea ya afirmando en sus pintadas “Lo Primero de lo Nuevo”…como verá el lector, la categoría “nuevo” también cotiza alto en el campo popular y va de suyo que no es un recurso novedoso ni del kichnerismo ni mucho menos de Cambiemos.

Sin embargo, aquella categoría que tanto busca expresar cada espacio de los distintos actores políticos nunca tuvo tal demanda en el mundo sindical. Por el contrario, uno puede ver casi como un sello distintivo en todo el universo de representación de los trabajadores una suerte de veneración divina sobre el status quo, sobre todo en cuanto a la forma de construcción y administración del poder gremial. Si uno pone episodios arquetípicos -como las varias rupturas y reunificaciones de la propia CGT- cambiando nombres y fechas va a encontrar similitudes  exactas de discursos y posicionamientos. Casi como una consecuencia natural de lo dicho, es que encontramos decenas de Secretarios Generales que pasan largamente del cuarto de siglo al frente de sus sindicatos.

Yendo a un raconto histórico respecto de los grandes líderes del movimiento obrero, aquellos que marcaron una época en lo gremial y en lo político y fraguaron el modo de ser y de sentir sobre el cual se construyeron su generación y las siguientes, casi que alcanzan los dedos de una mano para contarlos. Y si uno achica el tiempo a los últimos 50 años, pocos serían los que discutan este podio formado por el Lobo Vandor, Lorenzo Miguel y…Hugo Moyano.

A los 74 años, el “Negro” Moyano, que había ajustado sus cuentas personales con la caída del Kichnerismo (dónde pasó de la admiración y sociedad con Néstor al enfrentamiento abierto con Cristina) y se aprestaba a ocupar su lugar en el círculo rojo a partir de su salto al fútbol (dónde fue el primero que vió con claridad la dimensión del poder de Grondona y el vacío que éste dejaba) se encuentra interpelado por la historia que lo vuelve a traer a ese lugar que pretendía haber dejado atrás. Y es la coyuntura de un gobierno al que ayudó a llegar y sobre el cual pretendió ser franquiciante de una oposición acorde a las necesidades de Macri la que lo enfrenta a un dilema que quizás sea el mas profundo que todo hombre cavila…cómo quiere ser recordado. Que gloria le espera a su nombre y cómo va a colocar la última piedra de su legado es lo que barrunta Moyano en una intimidad que probablemente casi nadie conozca, puesto que Hugo Moyano concita tal grado de admiración en sus círculos más próximos que es difícil imaginar que exponga esta debilidad a quienes se nutren espiritual y materialmente de su fortaleza… el “Negro” pertenece a un formato dónde duda y debilidad son sinónimos y decisión es fuerza.

La escala dramática de los hechos, la que  envidiarían los guionistas de “House of Cards”, va a encontrar el próximo 22 de febrero un momento de alta tensión que funcionará como vértice en esta historia pero que, en el fondo, no logrará cambiar la necesidad de respuesta que plantea la pregunta que titula estas líneas. Con varios capítulos ya vistos de lo que ha sido para el movimiento obrero en general y para la CGT en particular el enrevesado escenario que le ha planteado el gobierno de CAMBIEMOS, surge como evidente que -una vez más- se repite la historia. Hay una CGT que dialogará y le brindará a Macri una suerte de paz institucional…no está claro cómo esto será soportado por las bases en el mediano plazo, pero permítame adivinar que entre aquellos que hoy acompañen a Macri hay varios van a perder sus sindicatos cuando el péndulo de la historia haga el recambio que hasta ahora sólo viene dado por el reloj biológico de los actores.

Muchas son las razones que fundan esta aseveración, la primera es casuística pura…el robo del atril que padeció la conducción de la CGT el 7 de marzo pasado no fue una casualidad sino una causalidad. El movimiento obrero que no se renovó en su dirigencia sí se renovó en sus bases y el cambio tecnológico que incorpora las últimas generaciones de trabajadores que ingresan al activismo sindical trae aparejado una mayor horizontalidad de la información y comunicación. No ha cambiado aún el fuerte verticalismo que la organización del movimiento obrero (sobre todo el de raigambre peronista) porta como condición natural, si ha cambiado el modo de ese verticalismo que hasta hace 15 años fungía en un mismo espacio -la sede física del sindicato- actores, rosca e información. Hoy eso se ha quebrado y prosperan las sedes sindicales de pisos vacíos o apenas semipoblados de los entornos de ocasión que funcionan de escenografía de  obsoletos líderes sindicales. El sindicalismo que viene no puede soslayar los modos de vinculación que traen estas nuevas generaciones e incluso de cómo éstas reconduzcan el vínculo sindicato/trabajadores, cada vez mas bombardeado por  tipologías de empleo que viene modificando velozmente los modos de producción del capitalismo, depende la sustentabilidad del colectivo gremial. En este universo le toca a Hugo Moyano transitar su epílogo como figura central del movimiento obrero, no es ya el cambio de figuritas que le tocó a sus antecesores, es el cambio de época. Del mismo modo, el dato objetivo en este preludio es el pozo en la consideración pública de los dirigentes gremiales que -en lo que sí es una novedad- viene acompañado de una avanzada judicial que por primera vez mira puertas adentro de la estructura de poder y negocios de los dirigentes gremiales coronando tal secuencia con la cárcel para varios de ellos. Tampoco está claro desde que lugar se recompone la imagen pública del sindicalismo, puesto que -hasta ahora- no se ve un intento de levantar el perfil de alguno de los muchos dirigentes gremiales que poseen respeto de sus bases y veraces relativamente limpios. Durán Barba debe felicitarse cuando ve que el sindicalismo opositor lo expresan Moyano y Barrionuevo…

Todo indica que Moyano va a ser el último gran líder de un tiempo que termina con él. No se trata ni de OCA ni de Comodoro Py, se trata de cómo se articula la herramienta más importante del campo popular -el movimiento obrero- de cara no ya a un gobierno compuesto por CEOs a los cuales conoce por haberse sentado en la misma mesa durante décadas. Se trata de un proyecto que viene a resetear el sistema de poder que el Peronismo, con sus luces y sus sombras, construyó durante los últimos 70 años en Argentina. Lo nuevo que propone CAMBIEMOS es un universo de relaciones sociales pre-peronistas, otorgándole a las clases medias laburantes un reducido abanico de placebos que por ahora le vienen funcionando electoral y socialmente. Este es un dato nuevo que bien puede demorarse en su derrotero histórico por varias razones, pero así como viene logrando reducir a una minoría -intensa pero minoría- a la agenda que expresó el kichnerismo (el caso Chocobar es paradigmático en este punto), también es dable pensar que va arrastrar al fondo de la historia a un tiempo dónde los dirigentes gremiales podían ser más o menos enfrentados pero nunca mirados en sus ámbitos privados (sus sindicatos, sus negocios, sus etc). Logra el gobierno de MACRI atacar la representación que ejercen los sindicatos por la flojedad de papeles de sus dirigentes, cuando en realidad el proyecto de CAMBIEMOS es un proyecto de reducción de costos laborales y logísticos dónde la representación gremial funciona como freno al ajuste en tal variable. Hasta en esto Moyano es preso de su tiempo, enfrenta a MACRI o al padre de MACRI, pero el ariete de esta avanzada es en realidad MARCOS PEÑA, quien, a diferencia de los MACRI, es dueño de un prejuicio insuperable dado que nunca tuvo el trato que la familia presidencial mantuvo con dirigentes gremiales.

Al fin de cuentas, tampoco es casual que termine abroquelando su posición junto con el espacio que lidera Cristina Fernandez de Kirchner. Ambos son puntos altísimos de sus tiempos. Ambos se debaten por conjugar su momento en presente y futuro mientras sus enemigos los empujan hacia un pasado despintado.