DESCOMER

El “desliz freudiano” o acto fallido es -palabras mas, palabras menos- un zarpaso del inconsciente sobre el consciente del sujeto que implica que éste revele lo que conscientemente reprime o desea ocultar

DESCOMER

El “desliz freudiano” o acto fallido es -palabras mas, palabras menos- una zarpaso del inconsciente sobre el consciente del sujeto que implica que éste revele lo que conscientemente reprime o desea ocultar. En las relaciones de pareja, sobre todo si es un hombre el protagonista del fallido, da material para el enjuiciamiento constante. Cuándo ese fallido ocurre en boca de un poderoso, habla mucho más allá del mero hecho revelado por la traición del inconsciente.

(por Pablo Cano)El “desliz freudiano” o acto fallido es -palabras mas, palabras menos- un zarpaso del inconsciente sobre el consciente del sujeto que implica que éste revele lo que conscientemente reprime o desea ocultar. En las relaciones de pareja, sobre todo si es un hombre el protagonista del fallido, da material para el enjuiciamiento constante. Cuándo ese fallido ocurre en boca de un poderoso, habla mucho más allá del mero hecho revelado por la traición del inconsciente.

El Secretario de Empleo, Miguel Ponte, hombre del riñón de Techint, no ha sido un profuso declarante en su año al frente de la Secretaría de Empleo. Por el contrario, si uno busca en la memoria reciente sólo se lo recuerda por el fastidio que circuló entre el aparato comunicador del oficialismo por su mora/ineficiencia a la hora de proponerle al Presidente Macri un plan de empleo para anunciar y por algunos pasos de baile dados en el marco de una actividad del Ministerio (¿será esto último, la competencia en el bailando, lo que realmente molesta a Macri de Ponte?).

Para cortar con ese silencio monocorde, el hombre se descolgó con una frase de antología que perdurará en los anales del declaratorio de Cambiemos y dijo que contratar y despedir trabajadores es algo natural como “comer y descomer”, cómo no es el periodismo de investigación mi fuerte, dejo el link de Clarín que ratifica lo dicho.(http://www.clarin.com/politica/funcionario-trabajo-contrataciones-despidos-comer-descomer_0_r1kfIu-Lx.html-)

La analogía buscada por Ponte entre el sistema de relaciones laborales y el ciclo vital de los alimentos entre su ingreso por la boca y su egreso por…usted ya sabe por dónde, habla -como todo fallido- mucho más de lo que realmente piensa Ponte respecto de la relación trabajador/empleador y de su concepción del trabajo en la vida social, en un proyecto de país y de comunidad. El concepto de “trabajo humano” cómo “costo” en la ecuación empresarial es una definición propia del capitalismo mas acérrimo y sobre la cual cabalgan cotidianamente los grandes capitales y sus operadores mediáticos/culturales. No es casualidad que la frase de Ponte se enmarque en un tiempo dónde recrudecen las operaciones de prensa para instalar la semántica de “competitividad”, “pasantías”, “entrenamiento laboral” y otras sutilezas que van en línea con un discurso histórico de los grupos concentrados vinculado con estigmatizar a los aportes previsionales y al sistema solidario de salud como “costo laboral” que atenta contra la generación de mayor empleo y promueve el empleo en negro.

Por eso es que el fallido de Ponte no es un chiste menor de un funcionario mas de los tantos que se manejan en la esfera pública con el mismo paso altanero que transitó como CEO. Lo que Ponte expresa de manera brutal es como culturalmente la coalición de derecha que gobierna Argentina vé al trabajo y al trabajador. Los derechos laborales, que son para el Peronismo un correlato de la dignidad con la cual el hombre debe transitar su paso por este mundo, son para Macri y su equipo un obstáculo que impide el ingreso de inversiones y el desarrollo. No promueven la esclavitud en los términos clásicos porque ésta, como ya se sabe, es antieconómica. Son los gestores de la esclavitud moderna en la cual el trabajo debe someterse a una estructura de costos empresariales dónde manda el margen de ganancia cada vez mayor y dónde el éxito del CEO de turno es la reducción del impacto del “costo laboral” en los números del negocio. Podemos no compartir ese abordaje, pero nadie discute que esa lógica impere en un empresa. Lo que si es reprochable es que esa lógica la promueva el Estado, cuya demanda primaria es procurar la felicidad de todos aquellos que delegaron en él la conducción del proyecto comunitario y no optimizar los costos del capital.

¿ingenuo? ¿naif?…váyase a descomer!!